martes, 4 de marzo de 2014


Encuentro de marzo


Mi amiga Penélope

 
A los cuarenta y cinco años  me propongo casarme y formar una familia. Espero hace cinco años, que mi príncipe azul que vive a la vuelta de la esquina se fije en mí, pero no  ocurre.

 Para olvidarlo hice otras amistades y comencé a  relacionarme con otros hombres pero me enamoro de  varios al mismo tiempo.

Soy bibliotecaria y trabajo por las mañanas en una biblioteca de una sociedad de fomento. También me dedico a escribir, publiqué varios libros y me conocen bastante en el ambiente literario, combinando ambas ocupaciones me alcanza para vivir y logro ahorrar unos mangos.

 Una de esas mañanas recorriendo estantes para acomodar libros recordé a Troya, a Ulises y a Penélope: comparé la trama de un tejido con la trama de un cuento y al anochecer llamé por teléfono a cada uno de mis pretendientes diciéndoles que cuando terminase un cuento de suspenso me casaría con el que haya adivinado cuales eran mis sentimientos al escribirlo.

Así que aquí estoy, buscando noticias policiales para inspirarme en los periódicos, la tele e internet y escribo lo que se me ocurre; o sea  tejiendo y destejiendo palabras como Penélope de Ítaca  tejía de día y destejía de noche lana y hebras de tela de oro con la semejanza de que yo escribo de día y de noche borro y cambio todo porque no me gustó lo que inventé, porque  en el fondo no quiero perder mi libertad de soltera, diferenciándome  de Penélope (a quien considero una amiga) ya que estaba casada y no se sentía viuda, sabía que su esposo Ulises estaba vivo y que regresaría a Ítaca, por lo tanto no aceptaba casarse con otro.

Cada uno de mis pretendientes dicen que él es el hombre de mi vida y algunos con lágrimas y otros con rosas quieren que desista de esa tonta idea de terminar el cuento y luego casarme con quien perciba lo que sentí, ya que la idea les resulta ridícula y la escritura les parece eterna. Respondo que si quieren vivir conmigo deben aceptar que la escritura sea eterna porque a eso me dedico, así como aceptan que la luna está en el cielo.

  El sábado vino mi vecina y amiga Luisa a tomar unos mates con facturas, y la charla es últimamente sobre el mismo tema: me dice que yo estoy loca, que porque doy tantas vueltas para casarme…me dice también: ‘cásate y si no resulta bien divórciate, es lo que hacen todos’. Yo contesto:”los abogados se llevarían todo lo que gano, por el dinero que hay que pagar para cambiar el estado civil de casada a divorciada, entonces prefiero saber bien lo que siento”.

Y responde:”entonces júntate Mabel, así ves cómo se llevan conviviendo antes de casarse”.

“Eso ya lo tengo en cuenta, pero no sé con cual quiero tener ese proyecto de vida” le respondo indecisa.

Ya cansada de tratar de razonar conmigo agrega como si fuese una jueza: “si tardás tanto en elegir, te quedarás sin ninguno, me parece que vos ya  estás casada con tu escritura”.

Para zafar de contestarle agrediéndola, mastico lentamente una factura.

Así  transcurrieron los meses, entre sílabas y pretendientes.

Hace dos semanas recibí una carta de un primo de mi padre: tiene más de sesenta años y decía no hallarse en condiciones de criar a su hijita de dos años, y me pide que acepte la custodia de la criatura, que le preocupa el futuro de la misma ya que a él le quedan poco ánimo (porque  su esposa había muerto) y pocos años de vida. Incluía los datos del abogado con quien debería contactarme si  yo aceptaba ser la tutora.

Mi vida está dando un giro  inesperado y emocionante. 

Me puse en contacto con el abogado, me contó de la vida de ellos, vi fotos de mi primo y de Elizabeth (la criatura mencionada en la carta) y ya decidí adoptarla.

Me asombró la rapidez de la misma. Pero bueno, me dije a mí misma,  a veces ni los padres biológicos saben cómo criar a sus hijos, así que tomé el toro por las astas, y con internet y  mi biblioteca tengo de donde obtener ayuda para ser una buena madre.

Está viviendo conmigo; le puse de segundo nombre: Penélope, como un homenaje a la antigua tejedora de Ítaca.

Al enterarse de la adopción, mis otros pretendientes se alejaron lentamente unos y muy veloces otros, todavía  estoy escribiendo el cuento de suspenso; pero ahora no me interesa que adivine alguna persona lo que siento.

Aproveché las entrevistas con el abogado  que se ocupó de los trámites legales de la adopción, para sonsacarle datos de algún caso violento de divorcio para escribir más cuentos policiales, porque es divorciado, guapo y muy agradable.

Resulta que no me casé, pero tengo una hija. Vemos al padre de Melisa cada tanto para que ella no esté asustada con el cambio de tener madre y le sea fácil aclimatarse.

El sábado iremos al cine con el abogado, Raúl, (sí, con un abogado, yo que pienso que se llevan todo el dinero cuando las parejas se divorcian) mientras mi amiga Luisa cuida a Elizabeth Penélope.