¡¡¡Felices fiestas!!! 2016
viernes, 9 de diciembre de 2016
Encuentro de diciembre
El caballo de arena del Gran Mago
Soñó que viajaba mucho y que llegaba a una ciudad
legendaria.
Una muralla la rodeaba. Era de noche y muchos hombres
murmuraban, iban y venían muy concentrados.
Vio una construcción de madera, grande y parecida a el.
Se dio cuenta de que era un caballo gigante.
Curioso, logró pasar desapercibido y entró al caballo de
madera. Sentía como si fuera su primo.
Los hombres se metieron dentro del caballo. Éste se movia.
Luego se abrió una compuerta y los hombres salian. El caballo los siguió.
Vio una batalla entre los que, después supo, eran aqueos y
troyanos. Pero los aqueos habían planeado una trampa con el caballo haciendo
que los troyanos entraran a la ciudad de Troya el caballo de madera y
sorprendieron a éstos sin defenderse.
El caballo de arena se sintió orgulloso de vivir esa
historia. Al día siguiente Ulises lo montó y recorrió Troya lentamente.
Despertó riendo.
sábado, 5 de noviembre de 2016
Encuentro de Noviembre
Lluvia
-
Hola don Ladislao.
-
Hola don Roberto. ¿Qué tal?.
-
Y…parece que va a llover…
-
Este tiempo tan caluroso …pero mis huesos me
indican tormenta.
Roberto se sentó en la mecedora vacía y se
abanicaba con una hoja grande. Estaban en el porche de la casa de Ladislao. Era
de madera pintada de verde, de una
planta. Atrás había un huerto: lechuga, acelga, tomates y zanahorias crecían
lentamente.
Miraban el cielo azul y con algunas nubes.
No corria ni una gota de aire.
La esposa de Ladislao trajo una jarra de
agua fresca con mucho hielo que ambos bebieron sorbo a sorbo de grandes vasos.
-
¿Escuchó el pronóstico meteorológico de una
gran tormenta por la tarde, don Ladislao?
-
Si, pero no me hace falta, mi cuerpo es mi
pronostico.
-
Yo de muchacho soñaba que algún día llovería
coca cola con papas fritas y helado de dulce leche
Ambos se rieron.
Miraron alrededor y conversaron sobre la
cosecha, sus esposas, hijos y nietos. Sus antiguos empleos en la tienda y sobre
lo acertado de retirarse al campo.
De pronto un viento les sacudió las
mentes. Era oloroso como a azufre. Picante y fuerte.
Escucharon un rugido ensordecedor. Vieron
una nave como un ovni pero más grande que aterrizaba sobre el campo seco.
Se abrió una compuerta y salió un “algo”
de tres patas y dos brazos y una cabeza o eso creían porque estaba vestido con
un traje espacial seguido por otros dos seres. La pantalla del casco que le
cubria la cabeza era oscura se transparentó y vieron un rostro violeta con ojos
amarillos que observaba el paisaje.
Se acercaban a Ladislao y a Roberto que
boquiabiertos los miraban paralizados.
El primer ser se tocó la parte superior
del casco y se escuchó una voz que decía:
-
Soy Ubiq, ellos son Tlor y Contl . Venimos del
planeta que ustedes llaman Marte pero nosotros denominamos Goltyrl. ¿Ustedes
son humanos, esto es el planeta Tierra?
Roberto tartamudeó mientras una llovizna
tenue pero continua empezó a caer:
-
Eh…nosotros, nonosotros sosomos humm aannooss
si hoommbres el se llallama Ladislao y yo me llamo Roberto
-
Bienbienvenidos – carraspeó Ladislao
-
Nosotros venimos en son de paz. Y queremos
saber adonde estamos- Ubiq giro su cabeza hacia la nave y luego hacia la casa.
-
Estamos en Pigüe, provincia de Buenos Aires,
Argentina. Tierra de vacas y masones-
-
Masones, hmm hombres constructores de edificios,
de naciones y de ideologias, excelente. Tlor prepara nuestra vivienda, carpa
para ustedes- dijo dirigiéndose a Roberto y Ladislao- estaremos aquí un largo
tiempo.
Caminaron a la nave y comenzaron a extraer
cosas. Armaron lo que se parecía a un iglú gigantesco. Mientras tanto Ladislao
y Roberto conversaban entre ellos:
-
¿Alguna vez creíste que esto te pasaría? Puta
madre, casi me meo del cagaso. ¡Estamos haciendo historia!
-
Ladislao, estoy pensando, ¿Y si avisamos a
algún diario o a la televisión? ¡Nos haríamos millonarios vendiendo la noticia
a alguno de esos buitres periodistas!
-
Che, no seas asi! En esta vida hay cosas más
importantes y trascendentales que el dinero. Podremos adquirir conocimientos-
Se callaron porque Ubiq, Tlor y Contl venían nuevamente hacia ellos.
-
Demás está decirles que guarden nuestro
aterrizaje en secreto. Podrian decir que esta carpa es un invernadero
experimental agrícola. Nosotros trabajaremos mayormente de noche y algún dia
quisiéramos intercambiar información sobre nuestros mundos. ¿Están dispuestos a
hacerlo?
Ladislao y Roberto se miraron y sin
hablarse pensaron lo mismo:
-
Si. Tenemos un trato - dijeron al unísono.
Desde ese momento entraban los seres a la
casa de Ladislao y alguna vez entraban los humanos al iglú.
Aquel día, más que agua, llovieron
extraterrestres.
domingo, 2 de octubre de 2016
Misterio
Llegan a la
casa una noche helada después de pasar por el
pueblo
Mar de las Ostras, una señora mayor y un señor de mediana edad, que serán huéspedes de “la casa del acantilado”
como se la llamaba antes de ser un
hotel.
El aire
caliente del interior es animador después de la ventisca.
Una vez con la llave
de la habitación en mano, suben las escaleras. La señora dueña del hotel,
Berta, los guía.
— ¿Tuvieron buen viaje? — les pregunta ella.
— Si, gracias. El trayecto en tren fue rápido. Lo
molesto es el frío — responde el hombre.
La hotelera, delante de una habitación, dice:
— La calefacción es nueva. Es una casa vieja remodelada, agradable para el descanso. Ya van a ver
ustedes lo que disfrutaran de su estancia — abrió la puerta, continuó: —Aquí
dormirán, hay otra habitación al lado. Las comunica una puerta de paso…si no les
molesta, claro—. Mueve las manos, balbucea la última palabra.
— Estará bien. Somos hermanos— dijo la señora.
La hotelera sonríe. Desliza la cortina y les hace
admirar el paisaje iluminado por la
luna.
El hermano de la vieja
dirige sus ojos negros hacia ella y le dice:
— Mañana saldré. Le pediría que me despierte a las
ocho-.
— Está bien — le responde ésta.
La señora pone una maleta antigua de cuero cerrada con una correa sobre la cama. El
hermano la observa y su boca se tuerce
en una mueca de amargura.
Hace con la
mano un gesto de despedida a las mujeres y
luego se dirige con su equipaje hacia el otro cuarto. Desde la entrada
de la habitación es lo último que ve la
hostelera. Se despide con unas palabras
corteses que no son oídas y cierra la puerta despacio.
Baja las escaleras, atraviesa el salón y entra en la
cocina. Allí está el esposo que cena una porción de pollo con batatas, las
manos que sostenían los cubiertos son callosas.
Ella tiene una idea. Se la comunica a él:
— Uno de los nuevos huéspedes, la señora, viaja con
una valija de la cual asoma en un
descuido la mitad de un billete, debe estar llena de dinero…— comenta ella
Se produce un silencio. Él la mira y luego le dice:
— No puedes asegurar que toda la maleta esté sólo
llena de billetes, también llevará otros elementos. Pero igual te escucho Berta, ¿qué sugieres?—.
— Si sólo fueran billetes.¿Cómo tiene una vieja tanto dinero, alguna herencia? Podríamos
quitarle algunos…— susurra la mujer.
— Tal vez sea rica. Cálmate. Antes esperemos que nos
pague su estadía. Invertimos mucho tiempo y dinero en los arreglos generales,
no será todo inútil, al pedo. Recuerda que el crédito pedido al banco vence en
dos años, por mes pagamos y devolvemos el dinero con intereses. Podremos
resolverlo— dice él.
— Pero, es una posibilidad, Juan. Antes de estar sin
un cobre. Ocurriría un accidente y el dinero sería nuestro— insiste ella. Pincha con el tenedor una batata cortada.
— ¡Deliras! Te olvidas del hermano. Es el hambre y la preocupación lo que te provoca decir eso. Come que se enfría, te sentirás
mejor. En los fines de semana y en las vacaciones vendrán muchos turistas,
tendremos más huéspedes y ganaremos dinero— dice él.
— Ojala — dice ella, suspira y despacio termina su
porción.
Al atardecer siguiente, la vieja sale a pasear a pie.
Recorre las calles del lugar y se acerca hacia el borde del acantilado. Admira
la hermosa vista. El sol naranja se oculta y alumbra el mar revuelto en espuma. Nota el rumor de
las olas al romper en las piedras de la
orilla y las gaviotas.
De repente oye el
motor de un auto, que acelera y se acerca hacia ella. El auto la atropella. Grita
mientra cae metros abajo. Se hunde en el mar. Está muerta.
El auto dobla y desaparece del camino. Las gaviotas
vuelan alto.
Otro auto se estaciona un momento. El conductor las
contempla. Luego, el vehículo con un chirriar sigue su trayecto.
En la plaza principal del pueblo Juan se detiene antes
de cruzar la calle y entrar en una tienda. Allí hay un señor calvo, afeitado, de
panza tan redonda como su cabeza y manos blancas endurecidas. Al verlo entrar,
pone la pipa en el cenicero sobre el mostrador:
— Buenas tardes, señor. ¿En qué puedo ayudarle?— dice.
— Buenas tardes. Necesito quince juegos de sábanas de
una plaza, veinte manteles individuales y una docena de toallas chicas. Con mi
esposa decidimos mejorar nuestro hotel —sonríe Juan.
El empleado retira de los estantes a su espalda y pila
encima del mostrador los elementos pedidos, los mete en una bolsa y se la
entrega.
— Listo. Acá está la cuenta, señor —le dice a Juan cuando le entrega el ticket con el
precio total.
— Gracias— contesta éste. Paga con dos billetes de
cien pesos y sin esperar el cambio, sale.
— ¡Eh, señor, su vuelto!-— exclama el
empleado. Pero Juan estaba fuera.
De la trastienda se escuchan pasos rápidos y cortitos.
Una mujer delgada y de cabellos grises rizados aparece y dice:
— ¡Ese era el del hotel, que seguro debe estar casi
vacío! ¿Qué le dio por comprar cosas?¿Porqué sale él y no la mujer?¡Y se cree
que lo que compró lo va a necesitar! ¿La vieja que el otro día
entró a la panadería y preguntó si había
algún hotel alejado del pueblo, estará ahí? ¡Ay, no me siento bien, vos
y tu pipa!¡No deberías fumar aquí dentro! Voy a dar una vuelta para refrescarme
y de paso saludo a doña Inés. No tardo mucho, querido—.
La curiosidad
de la esposa suele marearlo.
— Está bien, Hilda —responde él mientras piensa que en
los alrededores cualquier suceso es motivo
de mucha repercusión, mientras agarra la
pipa y la enciende. Sale a la vereda y
fuma. El humo lo envuelve.
Doña Hilda encuentra a doña Inés en la plaza junto con tantos otros y empiezan a hablar.
A Juan se lo ha visto en otros negocios.
—Me dijo don Pancho que pagó con un billete grande — dice
doña Inés.
—En lo de Pepe también — comenta alguien.
— Tantos gastos juntos de repente. Y no se acordó de
esperar el cambio-— dice doña Hilda.
— ¡Qué curioso!— exclama doña Inés.
Días después un señor alto de ojos negros acrecienta la emoción, es el hermano de la
vieja. Pregunta por todos lados si no hubo algún herido reciente en la zona. ¿Busca
a la señora que llegó hace poco al hotel?, le dice doña Hilda. Las bocas
apuradas le cuentan; así se entera de
los chismes que hay en el pueblo. Don Pancho le sugiere hablar con la policía
local. Así lo hace y luego regresa al hotel preocupado.
En el camino piensa: “cuando volví mi hermana
ya no estaba en el hotel y aún hoy tampoco está, entonces ¿dónde estará?
Realmente no me interesa mucho. Fue siempre tan amarga y tacaña con su plata,
poco bondadosa; aunque es raro que si se ha ido no se haya llevado todo el dinero, porque en la
maleta hay menos billetes. Debo saber qué es lo que ocurrió. Si no la encuentro
el dinero será mío. ¿Qué me impresionó de todo lo que me dijeron? ¡Claro! Los
hoteleros tienen un crédito el cual
deben pagar con intereses”.
El hotel esta silencioso. Encuentra a Berta en la
cocina, que toma un té. Cuando lo ve, se le resbala la taza que se rompe al caer contra el suelo. El
té caliente le quema las piernas. Chilla. Al rato llega el esposo. El hermano de la vieja observa los rasgos de ambos.
Les pregunta si ella les había dicho algo y si
sabrían adónde podría encontrarla.
— También la buscamos. Tiene que abonarnos su estadía.
Ignoramos adónde se halla ahora —contesta Juan pálido.
El hermano de la vieja le dice que le pagará al día
siguiente, también comenta que había avisado a
la policía, que ésta investigaría y
que también le recomendaron
quedarse hasta tener novedades. Berta recuerda la expresión del hombre la noche
de su llegada y siente lástima por él; sin reflexionar y por costumbre hotelera
le sugiere que pasee por la orilla del mar. Éste murmura que lo haría quizá
cuando hiciese menos frío. Luego regresa a su habitación, dónde llora.
Poco tiempo después en la playa de otra ciudad
marítima Bahía Azul la policía halla el
cuerpo de la vieja. La corriente lo había arrastrado. Este hecho genera una controversia entre los habitantes
de la zona.
— ¿Ve doña Inés, las atrocidades que ocurren en estas
épocas?— dice doña Inés.
— ¡Qué barbaridad! Espero que esa pobre mujer haya
sufrido poco. Me pregunto cómo murió… —responde don Pancho.
— La forma en que murió esa señora tal vez nunca se
resuelva. Quizás se tiró ella misma. Aunque supongo que alguien la mató en otro
lado y luego la ahogó…pero quién fue, tal vez nunca se resuelva el misterio.
Con ese billete de la maleta mostrándoselo a todo el mundo. Y el hotelero que
gastó y pagó en esa forma, ni se acordará que le debe al banco. La policía debe creer
que uno de nosotros fue el culpable, pero no tiene manera de probarlo. Dense cuenta será horrible vivir con esa duda
—expresa doña Hilda.
-— ¡Doña Hilda! ¡No diga esas cosas, a veces el dinero
no es lo más importante! Yo opino que ella misma decidió tirarse del acantilado
—dice doña Inés molesta al pensar que
alguien pudiera considerarla capaz de realizar semejante crueldad.
-— Y el hermano aún sigue aquí. Esperará conocer alguna
muchacha bonita, pobre —dice don Pancho.
— ¡No sea tan compasivo! Ese debería irse. Nada de
pobre. ¡Tiene el dinero de la hermana! ¡Quién sabe si no fue él el que la mató!
— murmura doña Hilda.
— Pero él pudo haberlo hecho en cualquier otro momento
—dice don Pancho.
Murmuran. Predomina la opinión de doña Inés. Las
sombras del atardecer en la plaza ocultan los rostros.
domingo, 4 de septiembre de 2016
Encuentro de Septiembre
El cofre
Salió de la
oficina y al meter la mano en su bolsillo encontró una llave muy pequeña, que
no le pertenecía. Llegó a su casa y vio, con sorpresa, sobre su cama un
misterioso cofre dorado.
Se quedó de
pie, inmóvil. Luego fue a la cocina a comer algo y tomó agua, fue al baño
demorando el momento de enfrentarse al misterio.
Regresó a su
habitación. Se decidió y abrió el cofre. Dentro había una esmeralda grande como
la palma de su mano. La miró, observó la caja y descubrió que era de oro.
¿Cómo había
llegado a su casa y a su bolsillo la llave? Vio una cata en el fondo. La leyó:
“Querido Marcos: soy un duende y te regalo la esmeralda del arco iris para que
la vendas y salves a tu familia secuestrada”.
Ahogó un grito.
Las órdenes de los secuestradores eran que siguiera su rutina como siempre. No
durmió en toda la noche. A la mañana siguiente fue a la joyería Centellas y
verificó que la esmeralda era autentica y la vendió por cien mil dólares.
Cuando los
secuestradores lo llamaron dijo que tenía el dinero y se los entregaría donde
acordaran.
A la tarde
llegó al parque y puso el dinero en el tacho de basura al lado de la estatua de
San Martín.
Esperó un día
en su casa. Le sobraban cincuenta mil dólares y el cofre que guardaría de
recuerdo junto con la carta. Podría ir de vacaciones con su familia, quienes en
ese momento sin que supiera él, estaban a la puerta. Golpearon. Abrió. Llorosos
pero aliviados su esposa y sus hijos lo abrazaron.
Después de
comer y tranquilizarse le mostró el cofre a su mujer y lo creyó porque lo tenía
ante su vista. Al leer la carta se
asombró pero dijo que desde pequeña creía en los duendes y en las hadas.
domingo, 14 de agosto de 2016
Encuentro de Agosto
El día de la reunión
Espere tanto este día
que me desintegro
Alfileres pinchan mis venas
Late mi corazón aturdido como
tambor
El día de la reunión
en el que conocere a
mis suegros
Tiemblo al besarlos
Pero sé que todo irá bien
Tendré de mis tropiezos el perdón
ya que seré la madre de sus nietos
por siempre
jueves, 7 de julio de 2016
Encuentro de julio
Continuación de Escalofriante de Thomas
Bailey Aldrich
Una mujer está sentada sola en una casa. Sabe que no
hay nadie más en el mundo: todos los otros seres han muerto. Golpean a la
puerta.
Ella da un respingo, asustada. Se levanta y abre la
puerta. Lo que ve la deja sin habla.
Es un traje espacial que tiene tres patas y cuatro
brazos, de casco oscuro.
Entra. Se quita el casco y se sienta. Le indica la
otra silla para que también se siente. Así lo hace. Éste habla: que viene de
otro planeta y han descubierto la plaga que exterminó a todos los seres vivos,
que lamentan no haber podido detenerla y
que supieron de su sobrevivencia.
Ella tiene tantas preguntas: cómo sabe su idioma,
cómo respira el oxígeno sin problema siendo verde como un sapo y con tres ojos.
Son respondidas: aprendió el idioma a través del viaje a la luna de los tres
astronautas terrestres y el oxígeno existe en su planeta. Agrega con voz cálida
que vino a llevársela con él.
La mujer se levanta temblando, grita durante unos
minutos, luego respira jadeando y al instante pone la pava a hervir para
hacerse un té para calmar sus nervios. Piensa en el ofrecimiento de ese
extraño, si se queda en la tierra estará sola hasta que muera y no sabe cómo
hará para sobrevivir sin comida ni tener alguien con quien comunicarse.
Hierve el agua, se hace el té, se sienta y pregunta
de qué mundo viene su acompañante.
Éste le responde que de Ocanta, un mundo similar a
la tierra que le gustara mucho.
Ella asiente. Toma el té. Sonríe y dice que se irá
con él. Le pide tiempo para hacer la valija como si se fuera de vacaciones al
mar. Al rato vuelve a la cocina y le indica que está lista. El ser sale, ella
detrás. Éste le menciona que su nave espacial está afuera del pueblo y que
deben ir caminando hasta allí. El paseo dura cuarenta minutos.
Ve la nave parecida a la Enterprise de viaje a las
estrellas, ahí se da cuenta que toda su vida deseó ser parte de una serie de
ciencia ficción pero de verdad.
Otros seres parecidos a su nuevo amigo la reciben.
Ella se siente casi feliz a pesar de ser el último ser humano y el único en
viajar a un planeta habitado. Suspirando mira por última vez el planeta Tierra.
Luego ingresa a una sala circular, ve puertas
enrejadas y muros de metal con ventanas altas.
La hacen entrar a una habitación, deja su valija, se
sienta en una cama y mira las otras habitaciones: hay seres muy diferentes, que
gruñen, chillan y dan vueltas.
Aterrorizada toma conciencia de que está en un
zoológico.
domingo, 5 de junio de 2016
Encuentro de junio
Lecturas
Es un día soleado. Acá adentro está lindo con ventilador.
Los libros me ayudan a pasar el tiempo en buena
compañía. Soy bibliotecaria. Paso las tardes atendiendo a los lectores y ellos
me comentan cosas sobre lo que leyeron. Y yo a su vez los recomiendo a otras
personas.
Hay frases que por momentos recuerdo: “mucho
tiempo he estado acostándome temprano” (por el camino de Swann) de Marcel
Proust me hace querer dormir nueve o diez horas por noche.
“Todas las felicidades se parecen, pero en
cambio los infortunios tienen cada uno su fisonomía particular” (Ana Karenina
de León Tolstoi) me hace pensar en los matrimonios y sus ires y venires.
A veces lamento que falten libros, porque los
roban. Dejo pasar a la gente que mire en los estantes y después de un tiempo me
entero que por ejemplo, hay libros de Eduardo Galeano que no figuran prestados
pero no se encuentran. Lamentable. Y siento tristeza, como dice Victor Hugo:
“la melancolía es la felicidad de estar triste” y siento melancolía porque los
que se llevaron esos libros pueden disfrutarlos, también bronca por los que no
los pueden conocer, por culpa de unos inadaptados.
Pienso en las vacaciones y recuerdo a Juan
Salvador Gaviota de Richard Bach” Amanecia y el sol pintaba de oro las ondas de
un mar tranquilo”. ¡Que ganas que tengo de estar en la playa!
Pienso en mi primer novio, Raúl, y en
Rabindranath Tagore, hindú nobel en 1931 en sus Cuentos elegidos : “Mi corazón
si no te ve, no tiene sosiego y mi trabajo es como un afán en un fatigoso mar
sin playas”.
Pienso o
medito porque tengo ratos libres en mi tarea, aunque sean pocos, ya
que a veces no vienen a buscar o
devolver libros.
Cuando acaba mi turno vuelvo a mi casa en
remise, justo ponen en la radio una canción que
empieza: “El recuerdo de tu amor implacable me persigue” me evoca los
besos de Raúl y llego a casa.
Bajo del auto. Subo a mi departamento, me
preparo unos mates , miro tele una hora. Ceno y antes de dormir leo Insurgente
de Cecilia Roth durante una hora y media, me duermo y sueño que devuelven todos
los libros robados.
sábado, 14 de mayo de 2016
Amor
Estamos aquí juntos
frente a este hombre sagrado
a pesar de nuestras diferencias
Vos decís blanco
Yo digo negro
Vos sentís frio
Yo siento calor
A vos te vuelve loca lo salado
A mí me encanta lo dulce
Vos amás la oscuridad
Yo amo la luminosidad
Pero en algo estamos
de acuerdo
al decir “si acepto” hoy
porque nos amamos
para siempre
¡Somos la pareja perfecta!
domingo, 10 de abril de 2016
Encuentro de abril
El mago
El policía y el detective miraron a todos alrededor. Los
principales sospechosos desviaron la vista.
En medio del océano, en un crucero por las Bahamas se había
cometido un crimen. El mago del show Caracachumba había sido apuñalado.
El detective miró su lista de sospechosos.
Zadkiel, chico de 23 años, baterista y escritor, de rizos
color miel que estuvo cerca del camerino del mago fumando. Le había dado su
poema original y no fue devuelto.
El “capitán” de cuerpo erguido, piel morena, voz grave,
conocedor de los mares y viajes por el mundo, con su canario que mide 15 cm y
pesa alrededor de 15 grs. A quien el mago quería hacer desaparecer.
Y la señora McClain, enojada porque le dio una pulsera de
brillantes para hacer el acto de ocultarla en una galera y no se lo había
devuelto.
El detective carraspeó y empezó a interrogar uno por uno en
el salón de las bebidas.
A las dos horas descubrió que Zadkiel, el “capitán” y la
señora McClain mataron de tres puñaladas juntos al mago pero no podía probarlo. Así que los dejo en libertad.
Pero lo más curioso de todo fue que se acercó al mago para
llevarse el cadáver y de pronto este se empezó a reir. ¡No estaba muerto!
Apuñalaron un muñeco en su cama del camerino y sangre
(salsa de tomate) era lo que resbaló en su ropa. Y éste tomo su lugar antes de
que llegaran los policías, porque había estado robando mientrs todos dormían.
Los gritos de la señora McClain resonaban en la sala.
Zadkiel se desmayó. El “ capitán” se rio.
El detective no pudo probar que fuera un ladrón el mago ya
que este devolvió lo robado: ver a policía lo hizo recapacitar.
Sonriendo galantemente le dio a
la señora McClain su pulsera y diversos objetos a los demás pasajeros.
Acarició al canario y desapareció tras una cortina hasta el
siguiente show.
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