Casa de antigüedades
Entró y sonó el llamador de
ángeles. Miró alrededor. Había porcelanas, joyas, sillas, objetos que parecían
de oro. Paseó un rato entre las mesas. Vio un elemento de loza, redondo,
ahuevado con pico desde la base.
Se acercó alguien
-
Señor, ¿puedo ayudarlo?-
-
Sí. ¿Qué esa cosa en forma de S, con esa tapa
que se levanta por medio de un engranaje?-
-
Es una antigua jarra de vino de Roma-
-
¡Que rara y bonita! ¿Me muestra ese cuadro?-
El
empleado se dio vuelta y mientras descolgaba el mismo, el otro hombre se metió
en el bolsillo una cajita dorada (que creyó que era de oro) y un anillo.
El
empleado lo vio en el espejo colgado al lado de la pintura y le gritó:
-
¡Eh, señor! ¡Devuelva eso!-
El
otro hombre empezó a correr hacia la puerta por entre las cosas y tiró la jarra
de loza y metal que se rompió y un adorno de porcelana cayó al piso.
Llegó
a la puerta, salió a la vereda y empezó a correr cuadras abajo.
El
empleado llamaba a la policía pero no apareció ni uno. Resignado, volvió a
entrar a la casa de antigüedades y barrió los trozos de la jarra dispersos por
el suelo.
Días
más tarde se enteró en un noticiero que se había vendido un anillo del siglo
XVII a un duque inglés. Tomó el teléfono y llamó a su jefe para que un
detective rastreara el viaje de esa joya y fuera devuelta y para atrapar al
ladrón del negocio.