Espía golosa
Bueno, me presento. Mi nombre es Elsa y vivo en Temperley.
Hago dieta desde que nací creo. Pesaba cuatro kilos y medio. Mi vida son
visitas a nutricionistas y a gimnasios. Ahora hago la dieta de las frutas y
verduras Robins.
En mi casa esconden las tortas y los dulces. Lo sé porque
las huelo. Tengo un olfato muy sensibilizado. Ayer vi a mi hermano que entraba
a su pieza y cerraba la puerta. Sigilosamente me acerque a ésta y mire por el
ojo de la cerradura. Vi que se comía seis alfajores en media hora y guardaba
otros seis en su armario. Me alejé a la cocina porque entró mi padre del
trabajo.
Traté de seguir con normalidad el día. Cené una naranja y
hablé de mi rutina sin empleo, leyendo, muerta de hambre y escuchando lo que
contaban los demás.
A la mañana cuando me levante ya se habían ido todos.
Desayuné una zanahoria y tome mate escuchando la radio.
Entonces no aguanté más y entré a la habitación de mi
hermano. Me miré en el espejo y me vi gorda, noventa kilos de deseos no
cumplidos y de novios anhelados pero nunca buscados. Rubia con rulos y ojos
verdes, pecosa, soy bonita, si, pero obesa y me parece que nadie me da bola.
Casi no hago lo que planee; pero vi el armario y lo toque. Abrí la puerta y
saque cuatro alfajores. Lentamente los mastique disfrutando cada migaja dulce
con merengue y dulce de leche. Es el placer más grande de la tierra. Ni el sexo
se lo puede comparar, nunca tuve pero estoy segura que la comida es mejor que
el sexo sin duda alguna.
Entonces estaba por empezar el quinto alfajor cuando
escuché un ruido. Me puse nerviosa y no sabiendo que hacer me escondí en el
armario que era grande y por suerte entré sin estar apretada entre sus paredes
de madera. Cerré la puerta y espere.
Era mi hermano con un amigo. Hablaban de sus estudios y
luego de mujeres. Las preferían con curvas y algo de cerebro, no demasiado para
que no los sobrepasaran a ello, y para mi sorpresa descubrí que yo le gusto a
Hernán, el amigo de mi hermano. Ahogué un grito. Jamás lo hubiera imaginado.
Mientras mi hermano abria la otra puerta del armario y se cambiaba para ir al
pool, Hernán describía mi persona como sensible y paciente, sobre todo por
hacer la dieta. Al rato salieron.
Temblando, puse los pies fuera de mi escondite y me mire en
el espejo. Decidí que esa dieta de las verduras no era lo que me hacia falta,
sino tener más confianza en mi misma y aceptarme como soy si asi le gusto a
Hernán. Pero quería bajar unos kilitos. Recordando a Belén que me decía que en
Alco se comia de todo y bajabas supe que tenia que ir. En la cocina respire más
tranquila y junté fuerzas para la próxima vez que viera al amigo de mi hermano
no huiría de la habitación en la que él se encontrara sino que chalaría un
largo rato con el, quizás después tuviéramos una cita.