domingo, 3 de diciembre de 2017
Encuentro de diciembre
Zapatos
Llegó a su casa. Subió las escaleras. Metió la llave en la
cerradura. Entró a la cocina y dejó su maletín.
Cenó una aza de sopa y se acostó. Soñó con su madre.
Se desperezó y abrió lentamente los ojos. Se sentó y se
puso las pantuflas. Vio junto a su cama unos zapatos que no eran suyos. Se
asombró. Buscó su paraguas para defenderse y recorrió la pieza, la cocina y el
comedor. En el baño vio luz. Se acercó lentamente. Descubrió un hombre
lavándose las manos. Éste se dio vuelta y gritó al ver a su hermano que se reía.
Se abrazaron. El le había dado una llave de su casa por emergencias y consideró
que no verlo hacia un año era una de ellas. Se sentaron en el sofá y tomaron un
café. Luego cerveza fría. Almorzaron. Fueron al cine. Se alegraba de encontrar
a su hermano. Sonrió mientras elegían la película para ver: una de vaqueros.
sábado, 18 de noviembre de 2017
Encuentro de Noviembre
Bandera
Un viernes al mes a la noche se reunía la Hermandad, un
grupo de profesores de historia amigos que comían asado, jugaban al truco,
bebían vino y hablaban casi hasta el amanecer.
Una de las veces uno de ellos, Rodrigo, bastante borracho,
expuso la teoría de que sabía dónde estaba la bandera que creó Belgrano en
febrero de 1812 en Rosario. Los amigos le dijeron que nadie sabía su ubicación.
Él los hizo callarse y misteriosamente dijo:
-
Yo pienso que está enterrada con él en el
Convento de Santo Domingo.
-
¡No, no es posible!- lo contradijeron tirándole
corchos y se rieron- ¡Dejá la marihuana!
-
Hagamos una apuesta: en la próxima reunión yo
tendré la bandera. Si es así, cada uno me dará $500 sino yo iré a ver el
partido River- Boca con la camiseta de Boca.
Aceptaron
Rodrigo el lunes paseó por el
convento, vio cuántos guardias había, la tumba y calculó el tiempo que podría
tardar en llevársela si es que estaba ahí.
El viernes siguiente se
observó en el convento una humareda verde. Era gas paralizante. Una sombra con
máscara antigás entró mientras los guardias yacían en el suelo.
Abrió la tumba y bajo los
huesos y una tela blanca encontró la bandera argentina. Pegó un salto de
alegría. La guardó en su mochila y se fue.
El viernes que se volvieron a
reunir la llevó. Cuando la mostró, se hizo un silencio profundo.
-
¡Bueno, aquí está!- exclamó - ¡Páguenme
muchachos!
-
- Yo leí en el diario que habían entrado en el
convento. ¡Estás loco!- dijo Pablo.
-
¡Esa no es!- dijo Damián.
-
¿No ven la tela gastada? Mañana contare en mi
blog que la encontré.
-
No sabés en lo que te metés, no lo hagas- dijo
José.
-
Lo voy a hacer, es cuestión de justicia y debe
ser recuperada, que debe estar en un museo- decidió Rodrigo.
Días después la noticia se
expandió por las redes sociales.
La policía federal estaba
incrédula, fue a buscarlo a su casa, lo interrogaron pero no tenían prueba de
que fuera la primera bandera.
Los profesores de donde
trabajaba Rodrigo no le hablaron, murmuraban a sus espaldas que era un ladrón y
un profanador.
El dueño del departamento le
dio quince días para desalojarlo.
Rodrigo estaba temblando
cuando cerró la puerta de su casa. ¿Qué había hecho? Solo, viendo la tele,
observaba la bandera de reojo.
No durmió. En la
mañana estaba en la calle corriendo y gritando.
-
¡Miren nuestra bandera!-la agitaba- ¡la
recuperé! ¡no la robé! ¡Es nuestra!
Lo observaban pasar sin
creerle.
A zancadas fue a la puerta de
canal siete. Lo filmaron con la bandera sobre sus hombros y como sintió que no
lo aceptaban se la puso como un chal y corrió riendo a carcajadas.
De pronto se asombró, volaba
sobre Recoleta y lo señalaban desde abajo. Llegó al obelisco y ató la bandera
en su cima.
Lo bajó una grúa, con los ojos
desorbitados y lleno de lágrimas su rostro.
domingo, 1 de octubre de 2017
Encuentro de octubre
Blandón
El velón ilumina mi cara.
Me da el bien de leer mi alma
mal aconsejada por la escasez de planes.
Siento las lágrimas al recordar
el desamor ocurrido.
Mi amiga me bisbiseaba
ideas para conquistar a Juan,
pero sus murmullos no me ayudaron.
Yo susurre en el oído de él
penas, deseos, sueños
pero nada funcionó.
No me amó.
Quise gritar a los cuatro vientos
el dolor de mi roto corazón.
La bilis inundó mi vida.
La dulzura de lo anhelado y no conseguido
me consuela minimamente.
Y aún lloro mi desamor
con berrinches varios
a mi madre, mi padre
y mis amigos.
Las rabietas no me dieron
serenidad ni paz.
El candelero de mi pena
me dirige últimamente.
Me dicen que el bisoño
muchacho del que estaba enamorada
era muy inexperto
para mí, y espero
para el futuro
un experimentado hombre
que me ame
y a quien yo ame
con sus virtudes y defectos.
sábado, 15 de julio de 2017
Encuentro de julio
Microcuentos
Luz
La vela goteó, lloró y se apagó. Las estrellas aplaudieron. Y
el sol durmió feliz.
Flor
¡Que bien huelo! ¡¡Atchisss!!.
Pereza
Soy blando, dijo el colchón y se hundió.
sábado, 3 de junio de 2017
Encuentro de junio
Desaparición
Me llamo Alejandra. Hace cinco años, cuando tenía ocho, pasó
algo terrible. Vivía y vivo en el Barrio La Marina en Ituzaingó.
Me encantaban y aun me encantan los cuentos de detectives.
Con mi mejor amigo Marcelo investigábamos cosas.
Cerca de mi casa había una mercería. A Elsa, la mujer que la
atendía, no la veíamos desde hacia quince días.
Entusiasmados Marcelo y yo empezamos a investigar: primero
hablamos con los vecinos, ninguno la había visto en la casa ni sabían si se
había ido de viaje o que.
Le preguntamos a José, el marido y dijo que no nos preocupáramos
que Elsa estaba en casa de su madre, pero no le creímos. Seguimos investigando.
Un día cuando este se fue al centro entramos por una ventana a
su casa. Revisamos. El comedor, la cocina estaba todo en orden. En el
dormitorio se hallaba la cama matrimonial con un cubrecama azul y dos mesitas
de luz con veladores. Había un armario que abrimos: estaban polleras, vestidos
y zapatos de mujer. Vimos dos maletas con rueditas, en los cajones había
bombachas, corpiños y calzoncillos. Nos dimos cuenta de que nada faltaba y
supimos que Elsa no había viajado.
Salimos apurados. En el fondo había un galponcito. Nos
acercamos. Estaba cerrado con un candado. Olimos algo feo pero temiendo que
José llegara nos fuimos.
En la vereda nos encontramos con Ana, mi peor enemiga. Me tiró
bolitas a la cara. Corrimos. Nos persiguió pero no nos alcanzó.
Cuando estuvimos en mi casa hablamos.
-¿Qué hacemos Ale?-
Pensé y dije:
-¿¡Le avisamos a la policía del olor?!-
-¡¡No, estás loca!!-
- Bueno, vigilemos a José, a ver que hace-
Estuvimos de acuerdo y nos preparamos para empezar al día
siguiente.
Pero no pudimos hacerlo. José no volvió. Lo habían atrapado robando
una agencia de viajes. Estaba preso.
Entonces decidimos avisarle a la policía del olor.
Días después supimos que habían entrado al galponcito donde
había sillas oxidadas, muebles viejos y al fondo había un saco de arpillera.
Dentro estaba el cadáver de Elsa
José fue acusado y se probó que era el asesino por un pelo
suyo en las uñas de Elsa, que se había defendido cuando la atacó; la mató
porque tenía celos de Luis, el actor principal del teatro municipal.
Fue el notición del barrio que se chismorreo durante meses.
El comisario Gutiérrez nos agradeció el dato. Y nos sentimos
como Sherlock Holmes el cual me contó mi papá que era un personaje detective
muy famoso.
Hoy, leo cada novela de él con pasión, trato de adivinar quién
es el culpable, ¡¡y acierto la mayoría de las veces!!
domingo, 14 de mayo de 2017
Encuentro de mayo
Pájaro
Enamorado
Yo soy un animal
un pájaro en su jaula
sintiendo amor por la luna
y mi sombra la acompaña
Nuestras almas están unidas
no existe dicha mayor
ni la muerte nos separara
Tengo la esperanza
de poder partir a su lado
envuelto en su luz de vivir
por siempre
como han soñado
las estrellas desde su infancia
Soy mudo llanto
al no verla durante el día
Nadie me consuela pues
tengo sed nocturna
Mecen las flores del jardín
mi tristeza
Pero ya ahora
el sol se oculta
y feliz me siento sábado, 22 de abril de 2017
Encuentro de abril
Espía golosa
Bueno, me presento. Mi nombre es Elsa y vivo en Temperley.
Hago dieta desde que nací creo. Pesaba cuatro kilos y medio. Mi vida son
visitas a nutricionistas y a gimnasios. Ahora hago la dieta de las frutas y
verduras Robins.
En mi casa esconden las tortas y los dulces. Lo sé porque
las huelo. Tengo un olfato muy sensibilizado. Ayer vi a mi hermano que entraba
a su pieza y cerraba la puerta. Sigilosamente me acerque a ésta y mire por el
ojo de la cerradura. Vi que se comía seis alfajores en media hora y guardaba
otros seis en su armario. Me alejé a la cocina porque entró mi padre del
trabajo.
Traté de seguir con normalidad el día. Cené una naranja y
hablé de mi rutina sin empleo, leyendo, muerta de hambre y escuchando lo que
contaban los demás.
A la mañana cuando me levante ya se habían ido todos.
Desayuné una zanahoria y tome mate escuchando la radio.
Entonces no aguanté más y entré a la habitación de mi
hermano. Me miré en el espejo y me vi gorda, noventa kilos de deseos no
cumplidos y de novios anhelados pero nunca buscados. Rubia con rulos y ojos
verdes, pecosa, soy bonita, si, pero obesa y me parece que nadie me da bola.
Casi no hago lo que planee; pero vi el armario y lo toque. Abrí la puerta y
saque cuatro alfajores. Lentamente los mastique disfrutando cada migaja dulce
con merengue y dulce de leche. Es el placer más grande de la tierra. Ni el sexo
se lo puede comparar, nunca tuve pero estoy segura que la comida es mejor que
el sexo sin duda alguna.
Entonces estaba por empezar el quinto alfajor cuando
escuché un ruido. Me puse nerviosa y no sabiendo que hacer me escondí en el
armario que era grande y por suerte entré sin estar apretada entre sus paredes
de madera. Cerré la puerta y espere.
Era mi hermano con un amigo. Hablaban de sus estudios y
luego de mujeres. Las preferían con curvas y algo de cerebro, no demasiado para
que no los sobrepasaran a ello, y para mi sorpresa descubrí que yo le gusto a
Hernán, el amigo de mi hermano. Ahogué un grito. Jamás lo hubiera imaginado.
Mientras mi hermano abria la otra puerta del armario y se cambiaba para ir al
pool, Hernán describía mi persona como sensible y paciente, sobre todo por
hacer la dieta. Al rato salieron.
Temblando, puse los pies fuera de mi escondite y me mire en
el espejo. Decidí que esa dieta de las verduras no era lo que me hacia falta,
sino tener más confianza en mi misma y aceptarme como soy si asi le gusto a
Hernán. Pero quería bajar unos kilitos. Recordando a Belén que me decía que en
Alco se comia de todo y bajabas supe que tenia que ir. En la cocina respire más
tranquila y junté fuerzas para la próxima vez que viera al amigo de mi hermano
no huiría de la habitación en la que él se encontrara sino que chalaría un
largo rato con el, quizás después tuviéramos una cita.
sábado, 18 de marzo de 2017
Encuentro de marzo
Casa de antigüedades
Entró y sonó el llamador de
ángeles. Miró alrededor. Había porcelanas, joyas, sillas, objetos que parecían
de oro. Paseó un rato entre las mesas. Vio un elemento de loza, redondo,
ahuevado con pico desde la base.
Se acercó alguien
-
Señor, ¿puedo ayudarlo?-
-
Sí. ¿Qué esa cosa en forma de S, con esa tapa
que se levanta por medio de un engranaje?-
-
Es una antigua jarra de vino de Roma-
-
¡Que rara y bonita! ¿Me muestra ese cuadro?-
El
empleado se dio vuelta y mientras descolgaba el mismo, el otro hombre se metió
en el bolsillo una cajita dorada (que creyó que era de oro) y un anillo.
El
empleado lo vio en el espejo colgado al lado de la pintura y le gritó:
-
¡Eh, señor! ¡Devuelva eso!-
El
otro hombre empezó a correr hacia la puerta por entre las cosas y tiró la jarra
de loza y metal que se rompió y un adorno de porcelana cayó al piso.
Llegó
a la puerta, salió a la vereda y empezó a correr cuadras abajo.
El
empleado llamaba a la policía pero no apareció ni uno. Resignado, volvió a
entrar a la casa de antigüedades y barrió los trozos de la jarra dispersos por
el suelo.
Días
más tarde se enteró en un noticiero que se había vendido un anillo del siglo
XVII a un duque inglés. Tomó el teléfono y llamó a su jefe para que un
detective rastreara el viaje de esa joya y fuera devuelta y para atrapar al
ladrón del negocio.
sábado, 11 de febrero de 2017
Encuentro de febrero
Noche chocolate
Estoy transpirando.
Faltan unos minutos para
Que se encienda la magia.
En el cine aguardo la película
Con un chocolate con maní
Noche chocolate
Historia fantástica
No es cine sin chocolate
Mi alma brilla como estrellas
Y quisiera un mate
Pero es
Noche chocolate
Estreno eterno
Artilugio ingenioso
Film distrayente
Todo es posible
Con mi chocolate
domingo, 15 de enero de 2017
Encuentro de enero 2017
Arte
dramático
El teatro es cálido. Las butacas son de felpa
azul. El escenario es grande. Las cortinas son negras. El profesor comienza la
clase mientras los alumnos se sientan en el suelo del escenario.
-Bien. Hoy vamos a representar algo inusual.
Cinco de ustedes serán cosas o personas que escuchan un ruido y se esconden en
el armario. Raúl representaras a Hamlet que por seguir una voz, la del padre, se
esconde; Roque vos sos un niño de cinco años que se esconde porque tiene miedo
de que el padre le pegue; Rita harás de
Dora la tarotista del pueblo: te ocultas porque las energías están concentradas
en el placard ; Ignacio vos sos Mr. Smith, un investigador privado que sigue
rastros y siente pasos en la casa y
presa del pánico se esconde y Julio vos sos un policía que espera dentro
del placard para sorprender al asesino. Actuaran cinco minutos cada uno y los demás hacemos de público.
Empieza Raúl-
Por momentos se siente la atmosfera de
Dinamarca, el llanto de una criatura, las fluctuaciones del aire en torno a las
manos de Rita, se ve el brillo de una lupa, y se escuchan dos disparos. Todos
los actores respiran ajetreados después
de su acto y se sientan.
El público aplaude. El profesor sonríe.
-
¿Les
hizo pensar en Narnia, el León, la bruja y el ropero el ejercicio? Esa es la
idea. Entrar a otra dimensión aunque sea por un rato-
Algunos murmullos se escuchan.
-
¿Qué
sintieron?-
Los cinco coinciden en que dar la sensación de
estar dentro de un armario no es agradable, y tener que ser creibles desde allí
les resultó difícil.
El profesor asiente.
De pronto se cortó la luz. Gritos. El profesor dice
que se queden quietos, prende un encendedor y va hacia atrás de la escena.
Mueve la térmica y vuelve la luz.
-
¿Están
bien?-
-
Si-
-
Bueno,
sigamos. Esperen, ¿adónde están Raúl, Roque, Rita, Ignacio y Julio?-
Los llaman, después
gritan sus nombres pero no aparecen. Retorciéndose las manos se miran, uno se
deja caer al piso.
El profesor agarra su
celular y llama a la policía. Cuando éstos llegan les explica lo sucedido. Los
buscan, pero no los encuentran. Todos tiemblan y se van a sus casas aterrados.
El profesor suspira y
se sonríe torcidamente. Ha salido todo
como el planeó.
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