Bandera
Un viernes al mes a la noche se reunía la Hermandad, un
grupo de profesores de historia amigos que comían asado, jugaban al truco,
bebían vino y hablaban casi hasta el amanecer.
Una de las veces uno de ellos, Rodrigo, bastante borracho,
expuso la teoría de que sabía dónde estaba la bandera que creó Belgrano en
febrero de 1812 en Rosario. Los amigos le dijeron que nadie sabía su ubicación.
Él los hizo callarse y misteriosamente dijo:
-
Yo pienso que está enterrada con él en el
Convento de Santo Domingo.
-
¡No, no es posible!- lo contradijeron tirándole
corchos y se rieron- ¡Dejá la marihuana!
-
Hagamos una apuesta: en la próxima reunión yo
tendré la bandera. Si es así, cada uno me dará $500 sino yo iré a ver el
partido River- Boca con la camiseta de Boca.
Aceptaron
Rodrigo el lunes paseó por el
convento, vio cuántos guardias había, la tumba y calculó el tiempo que podría
tardar en llevársela si es que estaba ahí.
El viernes siguiente se
observó en el convento una humareda verde. Era gas paralizante. Una sombra con
máscara antigás entró mientras los guardias yacían en el suelo.
Abrió la tumba y bajo los
huesos y una tela blanca encontró la bandera argentina. Pegó un salto de
alegría. La guardó en su mochila y se fue.
El viernes que se volvieron a
reunir la llevó. Cuando la mostró, se hizo un silencio profundo.
-
¡Bueno, aquí está!- exclamó - ¡Páguenme
muchachos!
-
- Yo leí en el diario que habían entrado en el
convento. ¡Estás loco!- dijo Pablo.
-
¡Esa no es!- dijo Damián.
-
¿No ven la tela gastada? Mañana contare en mi
blog que la encontré.
-
No sabés en lo que te metés, no lo hagas- dijo
José.
-
Lo voy a hacer, es cuestión de justicia y debe
ser recuperada, que debe estar en un museo- decidió Rodrigo.
Días después la noticia se
expandió por las redes sociales.
La policía federal estaba
incrédula, fue a buscarlo a su casa, lo interrogaron pero no tenían prueba de
que fuera la primera bandera.
Los profesores de donde
trabajaba Rodrigo no le hablaron, murmuraban a sus espaldas que era un ladrón y
un profanador.
El dueño del departamento le
dio quince días para desalojarlo.
Rodrigo estaba temblando
cuando cerró la puerta de su casa. ¿Qué había hecho? Solo, viendo la tele,
observaba la bandera de reojo.
No durmió. En la
mañana estaba en la calle corriendo y gritando.
-
¡Miren nuestra bandera!-la agitaba- ¡la
recuperé! ¡no la robé! ¡Es nuestra!
Lo observaban pasar sin
creerle.
A zancadas fue a la puerta de
canal siete. Lo filmaron con la bandera sobre sus hombros y como sintió que no
lo aceptaban se la puso como un chal y corrió riendo a carcajadas.
De pronto se asombró, volaba
sobre Recoleta y lo señalaban desde abajo. Llegó al obelisco y ató la bandera
en su cima.
Lo bajó una grúa, con los ojos
desorbitados y lleno de lágrimas su rostro.
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