El
enemigo
El
enemigo por la ventana se asoma.
Se
fija en tu cara blanca y pecosa,
observa
tu cabeza
y
lo que está dentro de ella.
Te
escondés en la oscura pieza
tras
el armario y luego bajo la cama.
Pero
no hay manera.
Igual
te persigue ese enemigo que te quemará.
Tu
rostro está ardiente:
es
culpa del sol, enemigo de tu piel,
que
te mira por la ventana.