El cofre
Salió de la
oficina y al meter la mano en su bolsillo encontró una llave muy pequeña, que
no le pertenecía. Llegó a su casa y vio, con sorpresa, sobre su cama un
misterioso cofre dorado.
Se quedó de
pie, inmóvil. Luego fue a la cocina a comer algo y tomó agua, fue al baño
demorando el momento de enfrentarse al misterio.
Regresó a su
habitación. Se decidió y abrió el cofre. Dentro había una esmeralda grande como
la palma de su mano. La miró, observó la caja y descubrió que era de oro.
¿Cómo había
llegado a su casa y a su bolsillo la llave? Vio una cata en el fondo. La leyó:
“Querido Marcos: soy un duende y te regalo la esmeralda del arco iris para que
la vendas y salves a tu familia secuestrada”.
Ahogó un grito.
Las órdenes de los secuestradores eran que siguiera su rutina como siempre. No
durmió en toda la noche. A la mañana siguiente fue a la joyería Centellas y
verificó que la esmeralda era autentica y la vendió por cien mil dólares.
Cuando los
secuestradores lo llamaron dijo que tenía el dinero y se los entregaría donde
acordaran.
A la tarde
llegó al parque y puso el dinero en el tacho de basura al lado de la estatua de
San Martín.
Esperó un día
en su casa. Le sobraban cincuenta mil dólares y el cofre que guardaría de
recuerdo junto con la carta. Podría ir de vacaciones con su familia, quienes en
ese momento sin que supiera él, estaban a la puerta. Golpearon. Abrió. Llorosos
pero aliviados su esposa y sus hijos lo abrazaron.
Después de
comer y tranquilizarse le mostró el cofre a su mujer y lo creyó porque lo tenía
ante su vista. Al leer la carta se
asombró pero dijo que desde pequeña creía en los duendes y en las hadas.