domingo, 4 de septiembre de 2016

Encuentro de Septiembre



El cofre 

Salió de la oficina y al meter la mano en su bolsillo encontró una llave muy pequeña, que no le pertenecía. Llegó a su casa y vio, con sorpresa, sobre su cama un misterioso cofre dorado.
Se quedó de pie, inmóvil. Luego fue a la cocina a comer algo y tomó agua, fue al baño demorando el momento de enfrentarse al misterio.
Regresó a su habitación. Se decidió y abrió el cofre. Dentro había una esmeralda grande como la palma de su mano. La miró, observó la caja y descubrió que era de oro.
¿Cómo había llegado a su casa y a su bolsillo la llave? Vio una cata en el fondo. La leyó: “Querido Marcos: soy un duende y te regalo la esmeralda del arco iris para que la vendas y salves a tu familia secuestrada”.
Ahogó un grito. Las órdenes de los secuestradores eran que siguiera su rutina como siempre. No durmió en toda la noche. A la mañana siguiente fue a la joyería Centellas y verificó que la esmeralda era autentica y la vendió por cien mil dólares.
Cuando los secuestradores lo llamaron dijo que tenía el dinero y se los entregaría donde acordaran.
A la tarde llegó al parque y puso el dinero en el tacho de basura al lado de la estatua de San Martín.
Esperó un día en su casa. Le sobraban cincuenta mil dólares y el cofre que guardaría de recuerdo junto con la carta. Podría ir de vacaciones con su familia, quienes en ese momento sin que supiera él, estaban a la puerta. Golpearon. Abrió. Llorosos pero aliviados su esposa y sus hijos lo abrazaron.
Después de comer y tranquilizarse le mostró el cofre a su mujer y lo creyó porque lo tenía ante su vista. Al leer la carta  se asombró pero dijo que desde pequeña creía en los duendes y en las hadas.