miércoles, 9 de septiembre de 2015

Encuentro de septiembre


¡¡Feliz día del maestro!! 11/9
 
¡¡Feliz Primavera!! 21/9
 
 
 
El corazón pensante de las tizas

Sentimos que no nos usara más. Estamos algunas enteras y otras hechas trocitos  llenas de polvo en un rincón del estante inferior de un mueble. Somos las últimas tizas de nuestra dueña, que es docente de primaria: hasta hace poco fuimos el corazón de su enseñanza en las escuelas porque nos miraban los estudiantes cuando nuestra sangre se expresaba en los pizarrones como elemento didáctico de la docente y de los alumnos cuando dibujaban en los pizarrones en los recreos o en los ratos libres entre tareas; luego terminábamos como piedras minúsculas amontonadas en alguna caja o frasco sobre el escritorio.

Actualmente da clases particulares en el comedor de su casa. La tiza de color azul opina que “esta maestrita ciruela” no trabaja más en escuelas estatales porque no se siente capaz de desempeñarse y porque está en contra de muchos aspectos educativos en el presente de este siglo XXI. Las tizas verdes le chistan para que se calle, porque la alumna entra al comedor y se sienta. Saca de su mochila la  cartuchera y el cuaderno sin terminar de los últimos meses del año pasado.

La tiza blanca entera dice: “veamos que aprende en esta hora y media”. “¡Nada seguro, sin pizarrón y sin nosotras no aprenderá!” grita una tiza roja partida.

Con la ayuda de nuestra dueña la nena hace la tarea que tiene  para el día siguiente; una vez terminada, le indica en el transcurso de la clase sobre las actividades del año en curso que no debe escribir 7 con “c”, sino con “s”, de que no debe decir en un resumen sobre el cuento El flautista de Hamelin “recibirsurecompensa” todo junto como si fuese una palabra, sino que son tres palabras separadas.  

La maestra particular le recuerda que a pesar de no gustarle usar la letra cursiva tiene que hacerlo: “aunque sabemos que se utiliza la letra imprenta manuscrita o de puño y letra para llenar planillas cuando se hacen trámites, en tercer grado ya deberías escribir siempre en cursiva. Ahora hace estas actividades” y le da una fotocopia sobre lengua.  La nena la mira y completa oraciones mientras hace muecas, y agrega la docente: “no me interesa que no quieras usar la cursiva, tenés que saberla para pasar de grado, lo que me importa es que entiendas tu letra sea imprenta o cursiva, por mí escribí en lo que más te guste, pero bien”. Al oír esto la tiza amarilla exclama indignada: “¡no puede decir eso, es antipedagógico!” y la tiza celeste dice calmada: “lo dirá tal vez para que la nena no sienta presión, entonces quizás  utilizará la letra cursiva solamente porque no se lo exigen”. Todas las tizas se ríen.

Luego la clase sigue con repaso de matemáticas. Escuchamos que repasa las tablas de multiplicar, las cuales no sabe, y le recomienda la docente que las recite como una canción.

A los pocos minutos suena el timbre, es la madre que viene a buscar a la nena, la espera en la vereda; salen las dos y conversan un rato las tres.

  La tiza roja resopla y nos dice: “¡¡uf, esa mujer le preguntará  como lograr que la hija haga la tarea, que estudie y nuestra dueña le contestará lo que podría hacer, incluso le va a recomendar que la lleve a  algún psicopedagogo, pero la madre no  hará nada, para que le pregunta!!”.

La tiza celeste cree que nuestra dueña todavía tiene la esperanza de estar en el aula perfecta con todos los materiales didácticos y que el grupo de alumnos tengan conducta ejemplar, pero opina que debería dejar también las clases particulares y agrega que ésta eso lo sabe por la cara que tiene cuando regresa al comedor. Acomoda sus libros y fotocopias en el estante al lado nuestro. Nos ve y nos toca. Nosotras pensamos: “nos acaricia, logra que tintineemos dejando oír nuestros últimos latidos”