martes, 2 de junio de 2015

Encuentro de Junio



Brunilda

Brunilda es una bruja petisa, de cabellos grises y desgreñados que le cubren  la espalda. Los dientes están llenos de manchas.

Usa un bonete puntiagudo desflecado fucsia y un vestido amarillo fluorescente porque no le gusta vestirse de negro. Vive en una cabaña de dos habitaciones, hecha con gruesos troncos de árboles y una chimenea de piedra de la que a veces sale humo, en el bosque cercano al pueblo más grande e importante de la zona. Cultiva plantas con las que prepara  cremas para olvidar los fracasos y las penas, también bebidas que ella hechiza para enamorar y para recordar, que luego vende  por muchos pueblos en su escoba voladora  y cobra en efectivo. 

Un atardecer se encuentra en el jardín después de  guardar las hierbas frescas empaquetadas y frascos pequeños de vidrio llenos de líquidos   en un bolso y sube a la vieja y gastada escoba. Se sienta sobre el palo, lo inclina y dice la palabra “elévate” para despegar del suelo cuando de improviso cruje y se quiebra la madera. Cae de cola sobre la tierra húmeda y lanza una exclamación disgustada. Tiene que salir ya que el crepúsculo y  el aire nocturno producido por el vuelo son los ingredientes fundamentales para el propósito de las fórmulas  mágicas y si camina tardará mucho.

Habla sola mientras mira en el jardín si hay alguna rama de los árboles para reemplazar el palo dañado pero son muy delgadas y también reponer el manojo de pequeñas ramas atadas al mango para barrer  y  que en su escoba mejoran la dirección del vuelo.  

Entra a la cabaña, agarra su monedero y sale rumbo a la parada del colectivo, indecisa sobre la conveniencia de trasladarse en ese transporte,  el cual pronto llega. Brunilda sube y saca el boleto.

Se sienta. Escucha que alguien dice: “…es una gitana…el vestido es rídiculo”

Algunos de los pasajeros la observan. Se escucha una risa nerviosa y un grito ahogado.

Hay murmullos y miradas furtivas hacia Brunilda  en el colectivo. Ésta se retuerce aferrada al bolso. Piensa: “el colectivo será muy útil, pero ¡caramba!  Yo soy una bruja, uso escoba.” No tolera que la confundan con una gitana. Brunilda hace los buenos hechizos y maleficios según la ocasión y no adivina el futuro viendo la palma de la mano como aseguran hacerlo las gitanas, por lo tanto no entiende  porque  algunas personas piensan, a veces, que es una gitana.

Cuando desciende del colectivo camina por el pueblo. Hay una avenida principal con muchos negocios y en las calles que la cruzan se ven casas de  ladrillo o de piedra de una planta y de  dos pisos. Los árboles cubren algunas ventanas. Ya oscurece. La luna brilla en el cielo.  Las personas con las que tiene que encontrarse secretamente en diferentes lugares, que  esperan sus pociones y cremas, hoy no las aceptan. Al ver la escoba a veces le preguntan desconcertados y risueños en los pueblos por  qué lleva una escoba cuando sale, no será que se le ocurra barrer las calles; entonces ella les contesta que quizás lo hará, como tantas mujeres que barren las veredas y agrega que es su amuleto de la buena suerte.

 Siente que fue  un día perdido porque le falta el amuleto, o sea, la escoba.  

Al regresar cena   y después quejándose busca con una linterna en el bosque una rama gruesa con la cual reparar la escoba. Finalmente halla lo que necesita aunque tenga que tallarla bastante para utilizarla. Exclama alegre “abracadabra, patas de cabra” mientras regresa a la cabaña. Allí corta las hojas de la rama y con un cuchillo le quita la corteza.

Piensa: “considero que esta pausa inesperada mejorará mis hechizos. Iré de vuelta al pueblo cuando termine”.

Cuatro días después la escoba está lista.

Brunilda con su bolso lleno de frascos con pociones sube en ella. Mira la luna pidiéndole buena suerte.

Dice: “elévate”. Despega del suelo. Brunilda ríe  triunfalmente cuando asciende por el aire y gira hacia el pueblo.

A partir de entonces Brunilda tiene muchas escobas de repuesto y está vendiendo muchos brebajes. La magia de los hechizos aumentó. En los pueblos la conocen como “la vieja del sombrero fucsia y la escoba” que les salva los amores, les borra los malos recuerdos y los errores.