jueves, 7 de julio de 2016

Encuentro de julio


Continuación de Escalofriante de Thomas Bailey Aldrich

Una mujer está sentada sola en una casa. Sabe que no hay nadie más en el mundo: todos los otros seres han muerto. Golpean a la puerta.

Ella da un respingo, asustada. Se levanta y abre la puerta. Lo que ve la deja sin habla.

Es un traje espacial que tiene tres patas y cuatro brazos, de casco oscuro.

Entra. Se quita el casco y se sienta. Le indica la otra silla para que también se siente. Así lo hace. Éste habla: que viene de otro planeta y han descubierto la plaga que exterminó a todos los seres vivos, que lamentan no haber podido detenerla y  que supieron de su sobrevivencia.

Ella tiene tantas preguntas: cómo sabe su idioma, cómo respira el oxígeno sin problema siendo verde como un sapo y con tres ojos. Son respondidas: aprendió el idioma a través del viaje a la luna de los tres astronautas terrestres y el oxígeno existe en su planeta. Agrega con voz cálida que vino a llevársela con él.

La mujer se levanta temblando, grita durante unos minutos, luego respira jadeando y al instante pone la pava a hervir para hacerse un té para calmar sus nervios. Piensa en el ofrecimiento de ese extraño, si se queda en la tierra estará sola hasta que muera y no sabe cómo hará para sobrevivir sin comida ni tener alguien con quien comunicarse.

Hierve el agua, se hace el té, se sienta y pregunta de qué mundo viene su acompañante.

Éste le responde que de Ocanta, un mundo similar a la tierra que le gustara mucho.

Ella asiente. Toma el té. Sonríe y dice que se irá con él. Le pide tiempo para hacer la valija como si se fuera de vacaciones al mar. Al rato vuelve a la cocina y le indica que está lista. El ser sale, ella detrás. Éste le menciona que su nave espacial está afuera del pueblo y que deben ir caminando hasta allí. El paseo dura cuarenta minutos.

Ve la nave parecida a la Enterprise de viaje a las estrellas, ahí se da cuenta que toda su vida deseó ser parte de una serie de ciencia ficción pero de verdad.

Otros seres parecidos a su nuevo amigo la reciben. Ella se siente casi feliz a pesar de ser el último ser humano y el único en viajar a un planeta habitado. Suspirando mira por última vez el planeta Tierra.

Luego ingresa a una sala circular, ve puertas enrejadas y muros de metal con ventanas altas.

La hacen entrar a una habitación, deja su valija, se sienta en una cama y mira las otras habitaciones: hay seres muy diferentes, que gruñen, chillan y dan vueltas.

Aterrorizada toma conciencia de que está en un zoológico.

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