Lluvia
-
Hola don Ladislao.
-
Hola don Roberto. ¿Qué tal?.
-
Y…parece que va a llover…
-
Este tiempo tan caluroso …pero mis huesos me
indican tormenta.
Roberto se sentó en la mecedora vacía y se
abanicaba con una hoja grande. Estaban en el porche de la casa de Ladislao. Era
de madera pintada de verde, de una
planta. Atrás había un huerto: lechuga, acelga, tomates y zanahorias crecían
lentamente.
Miraban el cielo azul y con algunas nubes.
No corria ni una gota de aire.
La esposa de Ladislao trajo una jarra de
agua fresca con mucho hielo que ambos bebieron sorbo a sorbo de grandes vasos.
-
¿Escuchó el pronóstico meteorológico de una
gran tormenta por la tarde, don Ladislao?
-
Si, pero no me hace falta, mi cuerpo es mi
pronostico.
-
Yo de muchacho soñaba que algún día llovería
coca cola con papas fritas y helado de dulce leche
Ambos se rieron.
Miraron alrededor y conversaron sobre la
cosecha, sus esposas, hijos y nietos. Sus antiguos empleos en la tienda y sobre
lo acertado de retirarse al campo.
De pronto un viento les sacudió las
mentes. Era oloroso como a azufre. Picante y fuerte.
Escucharon un rugido ensordecedor. Vieron
una nave como un ovni pero más grande que aterrizaba sobre el campo seco.
Se abrió una compuerta y salió un “algo”
de tres patas y dos brazos y una cabeza o eso creían porque estaba vestido con
un traje espacial seguido por otros dos seres. La pantalla del casco que le
cubria la cabeza era oscura se transparentó y vieron un rostro violeta con ojos
amarillos que observaba el paisaje.
Se acercaban a Ladislao y a Roberto que
boquiabiertos los miraban paralizados.
El primer ser se tocó la parte superior
del casco y se escuchó una voz que decía:
-
Soy Ubiq, ellos son Tlor y Contl . Venimos del
planeta que ustedes llaman Marte pero nosotros denominamos Goltyrl. ¿Ustedes
son humanos, esto es el planeta Tierra?
Roberto tartamudeó mientras una llovizna
tenue pero continua empezó a caer:
-
Eh…nosotros, nonosotros sosomos humm aannooss
si hoommbres el se llallama Ladislao y yo me llamo Roberto
-
Bienbienvenidos – carraspeó Ladislao
-
Nosotros venimos en son de paz. Y queremos
saber adonde estamos- Ubiq giro su cabeza hacia la nave y luego hacia la casa.
-
Estamos en Pigüe, provincia de Buenos Aires,
Argentina. Tierra de vacas y masones-
-
Masones, hmm hombres constructores de edificios,
de naciones y de ideologias, excelente. Tlor prepara nuestra vivienda, carpa
para ustedes- dijo dirigiéndose a Roberto y Ladislao- estaremos aquí un largo
tiempo.
Caminaron a la nave y comenzaron a extraer
cosas. Armaron lo que se parecía a un iglú gigantesco. Mientras tanto Ladislao
y Roberto conversaban entre ellos:
-
¿Alguna vez creíste que esto te pasaría? Puta
madre, casi me meo del cagaso. ¡Estamos haciendo historia!
-
Ladislao, estoy pensando, ¿Y si avisamos a
algún diario o a la televisión? ¡Nos haríamos millonarios vendiendo la noticia
a alguno de esos buitres periodistas!
-
Che, no seas asi! En esta vida hay cosas más
importantes y trascendentales que el dinero. Podremos adquirir conocimientos-
Se callaron porque Ubiq, Tlor y Contl venían nuevamente hacia ellos.
-
Demás está decirles que guarden nuestro
aterrizaje en secreto. Podrian decir que esta carpa es un invernadero
experimental agrícola. Nosotros trabajaremos mayormente de noche y algún dia
quisiéramos intercambiar información sobre nuestros mundos. ¿Están dispuestos a
hacerlo?
Ladislao y Roberto se miraron y sin
hablarse pensaron lo mismo:
-
Si. Tenemos un trato - dijeron al unísono.
Desde ese momento entraban los seres a la
casa de Ladislao y alguna vez entraban los humanos al iglú.
Aquel día, más que agua, llovieron
extraterrestres.
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