sábado, 14 de mayo de 2016


Amor

Estamos aquí juntos

frente a este hombre sagrado

a pesar de nuestras diferencias

Vos decís blanco

Yo digo negro

Vos sentís frio

Yo siento calor

A vos te vuelve loca lo salado

A mí me encanta lo dulce

Vos amás la oscuridad

Yo amo la luminosidad

Pero en algo estamos

de acuerdo

al decir “si acepto” hoy

porque nos amamos

para siempre

¡Somos la pareja perfecta!
                                         

domingo, 10 de abril de 2016

Encuentro de abril



El mago
El policía y el detective miraron a todos alrededor. Los principales sospechosos desviaron la vista.
En medio del océano, en un crucero por las Bahamas se había cometido un crimen. El mago del show Caracachumba había sido apuñalado.
El detective miró su lista de sospechosos.
Zadkiel, chico de 23 años, baterista y escritor, de rizos color miel que estuvo cerca del camerino del mago fumando. Le había dado su poema original y no fue devuelto.
El “capitán” de cuerpo erguido, piel morena, voz grave, conocedor de los mares y viajes por el mundo, con su canario que mide 15 cm y pesa alrededor de 15 grs. A quien el mago quería hacer desaparecer.
Y la señora McClain, enojada porque le dio una pulsera de brillantes para hacer el acto de ocultarla en una galera y no se lo había devuelto.
El detective carraspeó y empezó a interrogar uno por uno en el salón de las bebidas.
A las dos horas descubrió que Zadkiel, el “capitán” y la señora McClain mataron de tres puñaladas juntos al mago pero no  podía probarlo. Así que los dejo en libertad.
Pero lo más curioso de todo fue que se acercó al mago para llevarse el cadáver y de pronto este se empezó a reir. ¡No estaba muerto!
Apuñalaron un muñeco en su cama del camerino y sangre (salsa de tomate) era lo que resbaló en su ropa. Y éste tomo su lugar antes de que llegaran los policías, porque había estado robando mientrs todos dormían.
Los gritos de la señora McClain resonaban en la sala. Zadkiel se desmayó. El “ capitán” se rio.
El detective no pudo probar que fuera un ladrón el mago ya que este devolvió lo robado: ver a policía lo hizo  recapacitar. 
Sonriendo galantemente le dio a la señora McClain su pulsera y diversos objetos a los demás pasajeros.
Acarició al canario y desapareció tras una cortina hasta el siguiente show.
  


                           


martes, 1 de marzo de 2016

Encuentro de marzo


Enamorado

Aquella noche en el muelle recordé al verte allí acodada

que todos los puentes están enamorados de un suicida.

Pensé al oír tus gritos que querías matarte por eso me acerqué.

Te hablé mientras llorabas.

Me dijiste luego: “no puedo ahogar a mis demonios, ellos saben cómo nadar”. Yo asentí y te dije “ven conmigo” y nos fuimos a mi casa.

Nos vimos muchas veces en el transcurrir de los meses, hiciste crecer flores en mis pulmones y aunque eran hermosas no podía respirar cada vez que te sentía cerca porque me enamoré de vos y hoy eres todo lo que quiero, tanto que duele, no quiero perderte; por eso derrumbaré todos los puentes del mundo, salvando nuestras almas.

 

viernes, 5 de febrero de 2016

Encuentro de febrero


 

Fantasma

Fantasma que vas y vienes

ni alma tienes.

Sinsabores pasados

mi corazón han asustado.

La sangre derramada

el dolor no quita

solo lo aumenta.

Quisiera ayudarte

y consolarte

pero soy un ser de carne y hueso

que no puede tocarte.

Solo te leo y te comprendo

a través de historias

y a veces eres mi inspiración.

                                                           

domingo, 17 de enero de 2016

Encuentro de enero 2016


Flamenco

Baila flamenco

al son de tu música.

Agita ,flamea,

gira, ondea alrededor de la fogata

tu cuerpo.

Danzan tus manos

como fuego

como velas

como luciérnagas

en la oscuridad.

Sigue las cuerdas

Do, re, mi, fa, sol, la, si

toda la noche.

Enamórame ,

Encántame,

Engánchame

a tu ritmo

para siempre

gitana hermosa.

Y hechízame

eternamente.

 

                        

lunes, 21 de diciembre de 2015

¡¡¡Felices fiestas!!!

Encuentro de diciembre


El pan de cada día

 

 Había estado toda la madrugada bailando en un boliche.

Se levantó a las tres de la tarde. Luego de ducharse y vestirse fue a la cocina a desayunar  tostadas con manteca y café.

Silbando puso la pava a hervir. Se acercó a la mesa para cortar en rodajas el pan. Sorprendido vio que la bolsa de plástico con el pan no estaba sobre la mesa.

—    Cuando volví de bailar comí un miñón. ¿Adónde está el pan? — preguntó quejoso en voz alta  al aire.

La voz de la madre le respondió desde el comedor:

—    En un budín que será el postre de la cena de hoy —.

Él resopló. La madre agregó:

—    Te encanta el budín, aunque ahora tengas hambre y estés molesto, en la cena te alegrás, Diego. Salí ahora y comprá más pan —.

Diego sacó la pava de encima de la hornalla. Agarró veinte pesos de la billetera en su campera colgada tras la puerta de entrada y dijo:

—    ¿Adónde hay una panadería abierta un domingo a esta hora por aquí?—

—    En el supermercado. Está abierto todo el día hasta las 22 horas. — contestó la madre.

Diego salió de la casa. Caminó tres cuadras y llegó al supermercado. Entró. Lo acobardaron las colas ante las cajas para pagar lo comprado. Eligió en el sector de los panificados cuatro facturas, de vicio para el matecito de la tarde, medio kilo de pan  blanco con abundante miga para hacer  unas grandes tostadas y  un cuarto de dulce de leche; se dirigió valientemente juntando paciencia hacia las filas delante de las cajas registradoras.

—    Permiso — le pidió una vieja que apenas lograba empujar un carrito lleno de alimentos.

Se corrió.

Por la calefacción se adormeció y los carritos moviéndose entre las filas sonaban como espadas afiladísimas peleando dispuestas a saquear el molino para conseguir harina, amasar pan y calmar el hambre.

 Alguien le avisó que debía avanzar. Se despabiló y se adelantó. La fila se movía lento.

Le tocó a él. Puso en la banda los alimentos. La empleada le dijo:

—    ¿Efectivo o tarjeta? —

—    Efectivo — Contestó. El total era diecinueve pesos. Diego le entregó el billete de veinte  pesos y guardó todo en una bolsa.

—    ¡Ay! Me faltan monedas— dijo la cajera: — ¿no quiere comprar otra cosa?—

—    ¡¿Qué?! ¡Con un peso nada más, no me alcanza ni para chicles! — exclamó Diego. Su estomago gruñía hambriento.

La empleada le pidió monedas  a otro cajero, quien le dio algunas; ésta le dio el vuelto a Diego, que caminó a zancadas hasta la salida.

Llegó a su casa. Puso otra vez la pava a calentar. Cortó el pan en rodajas y las tostó. Probó una cucharadita de dulce de leche.

Sacó las tostadas del fuego, untó una con manteca y la mordió. Crujió.