martes, 1 de marzo de 2016

Encuentro de marzo


Enamorado

Aquella noche en el muelle recordé al verte allí acodada

que todos los puentes están enamorados de un suicida.

Pensé al oír tus gritos que querías matarte por eso me acerqué.

Te hablé mientras llorabas.

Me dijiste luego: “no puedo ahogar a mis demonios, ellos saben cómo nadar”. Yo asentí y te dije “ven conmigo” y nos fuimos a mi casa.

Nos vimos muchas veces en el transcurrir de los meses, hiciste crecer flores en mis pulmones y aunque eran hermosas no podía respirar cada vez que te sentía cerca porque me enamoré de vos y hoy eres todo lo que quiero, tanto que duele, no quiero perderte; por eso derrumbaré todos los puentes del mundo, salvando nuestras almas.

 

viernes, 5 de febrero de 2016

Encuentro de febrero


 

Fantasma

Fantasma que vas y vienes

ni alma tienes.

Sinsabores pasados

mi corazón han asustado.

La sangre derramada

el dolor no quita

solo lo aumenta.

Quisiera ayudarte

y consolarte

pero soy un ser de carne y hueso

que no puede tocarte.

Solo te leo y te comprendo

a través de historias

y a veces eres mi inspiración.

                                                           

domingo, 17 de enero de 2016

Encuentro de enero 2016


Flamenco

Baila flamenco

al son de tu música.

Agita ,flamea,

gira, ondea alrededor de la fogata

tu cuerpo.

Danzan tus manos

como fuego

como velas

como luciérnagas

en la oscuridad.

Sigue las cuerdas

Do, re, mi, fa, sol, la, si

toda la noche.

Enamórame ,

Encántame,

Engánchame

a tu ritmo

para siempre

gitana hermosa.

Y hechízame

eternamente.

 

                        

lunes, 21 de diciembre de 2015

¡¡¡Felices fiestas!!!

Encuentro de diciembre


El pan de cada día

 

 Había estado toda la madrugada bailando en un boliche.

Se levantó a las tres de la tarde. Luego de ducharse y vestirse fue a la cocina a desayunar  tostadas con manteca y café.

Silbando puso la pava a hervir. Se acercó a la mesa para cortar en rodajas el pan. Sorprendido vio que la bolsa de plástico con el pan no estaba sobre la mesa.

—    Cuando volví de bailar comí un miñón. ¿Adónde está el pan? — preguntó quejoso en voz alta  al aire.

La voz de la madre le respondió desde el comedor:

—    En un budín que será el postre de la cena de hoy —.

Él resopló. La madre agregó:

—    Te encanta el budín, aunque ahora tengas hambre y estés molesto, en la cena te alegrás, Diego. Salí ahora y comprá más pan —.

Diego sacó la pava de encima de la hornalla. Agarró veinte pesos de la billetera en su campera colgada tras la puerta de entrada y dijo:

—    ¿Adónde hay una panadería abierta un domingo a esta hora por aquí?—

—    En el supermercado. Está abierto todo el día hasta las 22 horas. — contestó la madre.

Diego salió de la casa. Caminó tres cuadras y llegó al supermercado. Entró. Lo acobardaron las colas ante las cajas para pagar lo comprado. Eligió en el sector de los panificados cuatro facturas, de vicio para el matecito de la tarde, medio kilo de pan  blanco con abundante miga para hacer  unas grandes tostadas y  un cuarto de dulce de leche; se dirigió valientemente juntando paciencia hacia las filas delante de las cajas registradoras.

—    Permiso — le pidió una vieja que apenas lograba empujar un carrito lleno de alimentos.

Se corrió.

Por la calefacción se adormeció y los carritos moviéndose entre las filas sonaban como espadas afiladísimas peleando dispuestas a saquear el molino para conseguir harina, amasar pan y calmar el hambre.

 Alguien le avisó que debía avanzar. Se despabiló y se adelantó. La fila se movía lento.

Le tocó a él. Puso en la banda los alimentos. La empleada le dijo:

—    ¿Efectivo o tarjeta? —

—    Efectivo — Contestó. El total era diecinueve pesos. Diego le entregó el billete de veinte  pesos y guardó todo en una bolsa.

—    ¡Ay! Me faltan monedas— dijo la cajera: — ¿no quiere comprar otra cosa?—

—    ¡¿Qué?! ¡Con un peso nada más, no me alcanza ni para chicles! — exclamó Diego. Su estomago gruñía hambriento.

La empleada le pidió monedas  a otro cajero, quien le dio algunas; ésta le dio el vuelto a Diego, que caminó a zancadas hasta la salida.

Llegó a su casa. Puso otra vez la pava a calentar. Cortó el pan en rodajas y las tostó. Probó una cucharadita de dulce de leche.

Sacó las tostadas del fuego, untó una con manteca y la mordió. Crujió.

 

                                    

 

 

domingo, 8 de noviembre de 2015

Encuentro de noviembre


El uso de la pava

 

 

         La pava es  una olla de metal con tapa, pico y manija.

Se usa para hervir agua con la que se hace té, café o mate.

Cuando el agua hierve sale humo del pico.

Si no se retira a tiempo del fuego, el agua se evapora, la pava sigue calentándose hasta quemarse y agujerearse. Entonces es inservible.

La persona que quiera tomar mate debe estar atenta cuando calienta agua. ¡Hierven muy rápido!

Se considera adecuado sacarla de encima de la hornalla en cuanto la tapa empieza a tintinear. Entonces el mate es espumoso delicioso.

Pero si se retira antes, el agua estará fría, por lo tanto el mate será horrible, y estará mal cebado. Con las personas ocurre algo similar: si se hierven demasiado, explotan o saldrían disparados por el aire quebrándose los huesos al tocar el piso; pero si se los quita antes de lograr la ebullición ni podrían caminar. En cambio con el justo hervor se deslizarían elegantemente como un buen mate a través de la garganta.

Conocer y probar un mate dulzón con una decente pava, una yerba sin palo, una temperatura adecuada, compartiéndolo con una persona (sin quebrarla), es empezar a saber vivir, es empezar a aprender el uso de la pava.

sábado, 3 de octubre de 2015

Encuentro de Octubre


C
onfesiones de una gordita

J

esica nos dio de tarea en el taller literario escribir sobre la huida de uno mismo, y solo puedo pensar en la relación entre la comida y yo, ya que el tema no me da para imaginar otras situaciones.

Hago dieta desde que puedo recordar, siempre estuve tratando de comer menos dulces, galletitas y quesos.

Hay muchas cosas que me faltan: una madre, un padre, nunca he tenido novio y hoy más que nunca trato de llenar esos vacios con alimentos, actualmente me como una o dos bananas con un medio kilo de dulce de leche diet (¡diet, como si el ataque de gula engordase menos!) en dos días, y lo dietético además es la banana, porque hay que comer tres o cuatro frutas por día, es increíble cómo se engaña una.

Soy conciente del autoengaño, pero no puedo modificar mis conductas, e ingiero más caramelos de los debidos, las porciones más grandes y no tomo tanta agua como indica el grupo de Alco, pero no lo puedo o no lo quiero evitar.

Entonces me consuelo pensándome delgada, que controlo todo (eso durante la noche) y durante el día dibujo gente estilizada sin un gramo de grasa pero me boicoteo en la acción de ingerir vituallas colesterosas, creo que huyo de mis problemas comiendo, ¡como me odio entonces! Es una lucha de todos los días desde que me levanto hasta que me acuesto y aun a veces sueño con comida.

El sentimiento de extrañar a mi padre es tan fuerte que me da bronca recurrir a las galletitas para consolarme de esa perdida, y encima a veces me dan asco realmente, puro sabor a manteca, solo eso son.

Tenía que escribir esto, porque lo necesitaba, aunque voy a la psicóloga y a la psiquiatra no me alcanza, este blog tiene algo de redentor, amistoso y no te juzga ni te culpa.

Bueno, no sé si cumplí con la consigna pero me siento un poco menos enojada y lista para enfrentarme con la balanza todas las semanas de buen humor, aunque nunca funciona bien y últimamente es más mi enemiga que mi amiga.