La
señorita de cuarto grado
El
árbol de jacarandá con sus flores celestes entró en el aula. Se movía
lentamente con sus raíces limpias y todos teníamos cuidado de no pisarlas.
Nos
leía un cuento y luego respondíamos preguntas sobre los personajes y la acción,
también lo representábamos.
Era
hermoso verla dar clase: sus ramas tocaban el techo, llenas de hojas, flores y
algunos pájaros que nos alegraban las tareas escolares. Su voz era melodiosa.
Cuando
veíamos ciencias naturales con su corteza nos daba una prueba de la
fotosíntesis y de la vida de una semilla
en un germinador.
No
le gustaba el fuego ni los muebles de madera.
Le
encantaba hacer correcciones y los recreos en el parque del colegio.
Un
día un compañero perdió su celular, lo buscamos por todos lados y lo
encontramos entre las ramas de la seño porque se lo estaba mostrando a ella.
Hace
dos meses nos visitó un señor de traje y corbata. Nos hizo preguntas sobre lo
que estudiábamos, habló de la educación, de otros grados y nos indagó acerca de
que pensábamos de los maestros. Todos respondimos que estábamos nosotros y
nuestros padres muy contentos con nuestra señorita. El señor nos saludó y se
fue.
Al
día siguiente la directora dijo que ese señor era un inspector y que quería
echar a la maestra porque no le gustaba su manera de enseñar. Nosotros
gritamos. Perla y Carlos lloraron. A Lucía se le ocurrió juntar doscientas o
más firmas para impedir que eso suceda. Desde esa tarde empezamos. Entre
padres, vecinos y alumnos de otras escuelas juntamos quinientas firmas. Las
llevó al consejo escolar el padre de Clara, que es abogado.
Estabamos
nerviosos. La señorita jacarandá nos agradeció el esfuerzo y esperamos a ver
qué pasaba.
Después
de unos días la directora nos anunció que las firmas presentadas habían logrado
evitar echar a nuestra maestra.
Festejamos
con exclamaciones alegres.
¡Ayer hicimos una fiesta para celebrar que unidos
pudimos tener a la señorita jacarandá con nosotros!
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