lunes, 12 de enero de 2015




El mensaje

Lorena tomó el celular y leyó el mensaje. La amaba, si, tan simple como eso; pero sus palabras no podía aceptarlas: “cada día deseo tus abrazos, pero me resulta difícil dejar a mi esposa y a mis hijos, todavía no es el momento. Te extraño”. Una y otra vez resonaban las palabras en su cabeza. Juan la amaba, si, aunque quería conservar lo mejor de  dos mundos: su esposa e hijos y a ella como amante.
Suspiró y se preparó la cena. Comió algo sencillo, no quería salir esa noche.
Tal vez si Juan no se divorciaba ella debería dejarlo y seguir su vida con otro hombre soltero, sin compromisos ni ataduras.
Tomó un sorbo de vino blanco, se sintió mejor.
El viaje planeado sola a Córdoba le haría bien. Miró el celular y decidió no responderle pero no se resistió y contestó: “también te extraño”.
Lavó los platos, los guardó y se acostó. Debía levantarse a las ocho para tomar el avión.
Se le ocurrió no llevar el celular, sus amigos entenderían si no los atendía. Si, quizás unas vacaciones de su relación amorosa sería lo recomendable para pensar sobre su  futuro juntos o descubrir que no tenían ninguno.
Bostezó y se durmió soñando con las sierras cordobesas y con un nuevo celular.



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