El
baile
Eran las tres de la
madrugada. Habían estado bailando desde la una. Boleros, salsa, de todo un
poco. Se escucharon los comienzos de un vals. Ella sonrió. Él suspiró, estaba
mareado. Le murmuró al oído: “¿paramos?”, ella respondió “uno más y nos vamos”.
Siguieron rítmicamente los compases del vals y al vibrar el último, María
sintió que se caían. Se asustó. Él estaba con el culo en el suelo. Sonó el
golpe seco de su cabeza contra el piso.
Blanco estaba su
rostro. María gritó: “llamen a una ambulancia” porque le pareció que no
respiraba. Se acercó y notó que un hilo de sangre le salía de la nariz. Después
de una eternidad llegó la ambulancia y lo llevaron a un hospital.
Corridas, el olor del
cloroformo le hacía doler la cabeza, se sentó en la sala de espera. Un médico
salió, se acercó a ella y le dijo: “el señor Ramírez está en coma, habrá que
esperar para ver como evoluciona”.
Creyó que se desmayaba
pero aguantó. Meses y meses iba a verlo al hospital, le hablaba y le leía.
Tuvo la agradable
noticia una primavera: él había despertado.
Desde esa noche María
no baila más valses.
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