lunes, 10 de noviembre de 2014

Encuentro de noviembre



Mamá

Mamá rosa

Mamá risa

Mamá mesa

Mamá taza

Mamá tiza

Mamá casa

Mamá cose

Mamá lava

Mamá cava

Mamá come

Mamá cama

Mamá amor

Mamá humor

Mamá todo

Mamá mía  

domingo, 5 de octubre de 2014

Encuentro de Octubre 2014


Desilusión

Soy la lágrima que cayó

en tu mejilla esa tarde

en la que descubriste que

quería a otra.

Él te saludó desde lejos

y eso fue todo,

no más palabras,

no más de sus sonidos.

Soledad sentiste

y nadie te podía consolar.

Soy la lágrima cayendo hoy

en tu mejilla salada

 y te digo que

todo mejorará.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Encuentro de septiembre


La señorita de cuarto grado

El árbol de jacarandá con sus flores celestes entró en el aula. Se movía lentamente con sus raíces limpias y todos teníamos cuidado de no pisarlas.

Nos leía un cuento y luego respondíamos preguntas sobre los personajes y la acción, también lo representábamos.

Era hermoso verla dar clase: sus ramas tocaban el techo, llenas de hojas, flores y algunos pájaros que nos alegraban las tareas escolares. Su voz era melodiosa.

Cuando veíamos ciencias naturales con su corteza nos daba una prueba de la fotosíntesis  y de la vida de una semilla en un germinador.

No le gustaba el fuego ni los muebles de madera.

Le encantaba hacer correcciones y los recreos en el parque del colegio.

Un día un compañero perdió su celular, lo buscamos por todos lados y lo encontramos entre las ramas de la seño porque se lo estaba mostrando a ella.

Hace dos meses nos visitó un señor de traje y corbata. Nos hizo preguntas sobre lo que estudiábamos, habló de la educación, de otros grados y nos indagó acerca de que pensábamos de los maestros. Todos respondimos que estábamos nosotros y nuestros padres muy contentos con nuestra señorita. El señor nos saludó y se fue.

Al día siguiente la directora dijo que ese señor era un inspector y que quería echar a la maestra porque no le gustaba su manera de enseñar. Nosotros gritamos. Perla y Carlos lloraron. A Lucía se le ocurrió juntar doscientas o más firmas para impedir que eso suceda. Desde esa tarde empezamos. Entre padres, vecinos y alumnos de otras escuelas juntamos quinientas firmas. Las llevó al consejo escolar el padre de Clara, que es abogado.

Estabamos nerviosos. La señorita jacarandá nos agradeció el esfuerzo y esperamos a ver qué pasaba.

Después de unos días la directora nos anunció que las firmas presentadas habían logrado evitar echar a nuestra maestra.

Festejamos con exclamaciones alegres.
¡Ayer hicimos una fiesta para celebrar que unidos pudimos tener a la señorita jacarandá con nosotros!

domingo, 10 de agosto de 2014



       

 

La realidad

 

 
El cielo está despejado. Sopla una leve brisa cálida. Las ramas de los árboles se

 hallan sin hojas.

Elsa con la cartera  sale de la casa. Cierra con llave la puerta. Mira el cielo y se pregunta  si con la blusa, el saco de hilo y la pollera estará demasiado elegante. Repiquetean los tacos de sus zapatos cuando camina hacia la estación del ferrocarril.   

El tren que llega es relativamente nuevo, tiene algunas palabras pintadas con aerosol y sus vidrios están enteros aunque algo sucios. Está casi lleno y se sacude,  ve que una pasajera de pie lee absorta, concentrada un libro.  A pesar de las curvas no se agarra de las manijas y sin embargo no se tambalea. Milagros de la lectura.  Parece que la novela, “El capitán Artemio Furia”, está buenísima. En un momento del viaje puede sentarse. Se oye un suspiro de alivio, se ignora si es de ella misma que al fin puede descansar o de las demás personas porque así se evitan posibles tropezones. Otros también de pie hojeaban apresurados un periódico de edición gratuita antes de que el tren arranque. Cuando éste se puso en movimiento entonces se agarran de las argollas colgantes de los barrotes fijos al techo.

Durante el recorrido el vagón  se vacía porque los pasajeros descienden.

En una estación sube un vendedor ambulante  que  pregona: “compren pan para cuando lleguen a casa y tomen unos mates”. Lleva una gran canasta de mimbre, que apoya en el suelo del tren, con pan de salvado, roscas y pan blanco.

— Sólo faltaría que venda yerba, termos y nos cebe mates mientras viajamos. — murmura un pasajero al que está al lado y se ríen.

 Elsa piensa redactar los hechos en un cuento.

 El tren  llegará a su destino terminal: Los Trigales y pronto emprenderá el regreso hacia el extremo opuesto de su recorrido. Las bocinas suenan estridentes. Elsa desciende en una estación intermedia: Gabriela Mistral. Una persona que entra al vagón  la empuja haciéndola tambalear y casi suelta la cartera. Elsa  dice:

— ¡Sin empujar! ¡Hay lugar! —

 Escucha una disculpa. Se aparta del tren, que parte. Baja del andén; en la vereda ella coloca nuevamente  la cartera sobre el hombro  y descubre que el cierre está abierto. Se asombra, reconoce que es distraída, pero no tanto. No logra recordar si antes de salir de la casa había dejado la cartera abierta o cerrada. Da unos pasos hacia la plaza y se sienta en un banco. Revisa el contenido: están la llave, el celular, la entrada al teatro  y nota que le falta la billetera.  Es el menor problema que tiene. Exclama en voz baja: “¡Maldita sea!”, insultando por lo ocurrido. Había $30 dentro; por suerte el boleto de ida y vuelta del viaje en tren lo guardó en el bolsillo de la blusa. Se pregunta si no se  olvidó la billetera antes de salir…porque suele llevar el dinero del boleto en algún bolsillo. Al mirar en su muñeca el reloj pulsera, ve que no está; piensa: “no importa, siempre me funcionan mal, compro otro”. Siente que le han robado, además del reloj y la billetera, muchas posibilidades y ni siquiera se dio cuenta. Las lágrimas le resbalan por las  mejillas.

Camina por la plaza. La calesita  tiene pocos chicos. En la modernidad parece un juego casi adecuado para un museo. 

Se tranquiliza y sigue su paseo, fijándose si en algún negocio solicitan empleados porque no tiene trabajo, así presentaría en otra oportunidad un currículo.

 En una balanza de una farmacia  dos personas se toman la presión sin subirse a la misma evitando pesarse, y después observan el comprobante impreso. Alguien espera que la misma se desocupe. Cuando observan que un desconocido se pesa, éste oye que dicen: “¿Qué?”. Murmuran. Luego cada uno vuelve a la balanza y se pesan. El desconocido que había aguardado su turno y los miraba anteriormente, se sonríe.

Elsa llega al teatro a escuchar un concierto clásico de guitarras criollas para el cual había sacado la entrada quince días antes.

Entra; por una hora  más o menos olvidará que hace un mes  la echaron del trabajo por reducción de personal. Ha buscado y buscará otro empleo, confiando que los periódicos publiquen avisos clasificados sin errores. Hasta que lo consiga, tiene algunos pesos ahorrados y también espera que el padre le prestará dinero, lo que pueda.

Ayer jugó  a la lotería como todas las semanas y sueña con que tal vez algún día, un día ganará el premio. Piensa que un día tendrá muchísimo, muchísimo dinero, por los cuentos que escribe o por la lotería; y entonces no tendría que hacer más frustrantes colas esperando entrevistas para hacer encuestas o quien sabe qué.

Una  vez sentada pone la cartera sobre la falda. Llegó justo. Mira la hora en el celular y lo  apaga a pesar de que  no tiene línea telefónica y de que  espere que la llamen de algún empleo.

La iluminación se atenúa. Los músicos entran y se sientan en  el escenario. Afinan las guitarras.

 Se oyen los primeros compases.

Suspira. Un día, algún día tendrá muchísimo dinero.

domingo, 6 de julio de 2014

Encuentro de julio




El enemigo

El enemigo  por la ventana se asoma.

Se fija en tu cara blanca y pecosa,

observa  tu cabeza

y lo que está dentro de ella.

Te escondés en la oscura pieza

tras el armario y luego bajo la cama.

Pero no hay manera.

Igual te persigue ese enemigo que te quemará.

Tu rostro está ardiente:

es culpa del sol,  enemigo de tu piel,

que te mira por la ventana.  

domingo, 1 de junio de 2014

Encuentro de junio



El beso

Se despedían. Estaba oscuro.

Él, médico, agitando su mano derecha

algo dijo.

Ella, paciente, nada oyó,

sonreía apretando los labios.

De pronto sintió en la mejilla

casi en el labio superior

un beso mojado.

Ni el ni ella lo planearon.

Beso no pedido, beso no esperado.

Ella se fue preguntándose porque

le daba un beso ese día,

si antes se saludaban dándose

las manos derechas.

¿Beso no planeado?

Ella pensó si lo volvería a  ver

ya que él viajaba pronto.

Nunca más se vieron.

¿Él la recuerda? Ella a él sí.

Ella maldijo su inexperiencia,

deseó que se repitiera el beso

pero no pudo ocurrir.

El maldijo que se retirase tan rápido

ella ese día y que él se marchase

de viaje.

¿Beso inesperado?

¿Beso no pedido?

Un beso que fue robado.

El beso

 

viernes, 9 de mayo de 2014

Encuentro de mayo


Incógnita

 

 

Un extraterrestre llegó del planeta Sirius durante el año cuatro mil quinientos en una nave de un pasajero con propulsión de cohete.

El traje espacial era oscuro y fino como la piel.

 Ya que Marte y Júpiter se mencionaban en unos cuantos relatos, mientras que su planeta y su especie eran ignorados, consultó su agenda multielectrónica galáctica averiguando direcciones de escritores.

 Como estaba furioso por ese desprecio, mató a muchos escritores    con una lapicera de pluma afilada, propiedad de la primera de sus víctimas. Con  un disparador láser desintegró parcialmente varios textos electrónicos y de papel.

   Instantáneamente la Televisión  cesó de emitir su programación, porque no tuvo guionistas.

  Según lo que se escuchó por la radio, después de producirse la calma y disminuido el pánico por no poder ver la tele, el motivo de tal circunstancia y de esos crímenes nunca se supo.   

  El nativo de Sirius, como una nube vaporosa, regresó  a su tierra.