El mensaje
Lorena tomó el celular
y leyó el mensaje. La amaba, si, tan simple como eso; pero sus palabras no
podía aceptarlas: “cada día deseo tus abrazos, pero me resulta difícil dejar a
mi esposa y a mis hijos, todavía no es el momento. Te extraño”. Una y otra vez
resonaban las palabras en su cabeza. Juan la amaba, si, aunque quería conservar
lo mejor de dos mundos: su esposa e
hijos y a ella como amante.
Suspiró y se preparó la
cena. Comió algo sencillo, no quería salir esa noche.
Tal vez si Juan no se
divorciaba ella debería dejarlo y seguir su vida con otro hombre soltero, sin
compromisos ni ataduras.
Tomó un sorbo de vino
blanco, se sintió mejor.
El viaje planeado sola
a Córdoba le haría bien. Miró el celular y decidió no responderle pero no se
resistió y contestó: “también te extraño”.
Lavó los platos, los
guardó y se acostó. Debía levantarse a las ocho para tomar el avión.
Se le ocurrió no llevar
el celular, sus amigos entenderían si no los atendía. Si, quizás unas
vacaciones de su relación amorosa sería lo recomendable para pensar sobre
su futuro juntos o descubrir que no
tenían ninguno.
Bostezó y se durmió
soñando con las sierras cordobesas y con un nuevo celular.