sábado, 3 de octubre de 2015

Encuentro de Octubre


C
onfesiones de una gordita

J

esica nos dio de tarea en el taller literario escribir sobre la huida de uno mismo, y solo puedo pensar en la relación entre la comida y yo, ya que el tema no me da para imaginar otras situaciones.

Hago dieta desde que puedo recordar, siempre estuve tratando de comer menos dulces, galletitas y quesos.

Hay muchas cosas que me faltan: una madre, un padre, nunca he tenido novio y hoy más que nunca trato de llenar esos vacios con alimentos, actualmente me como una o dos bananas con un medio kilo de dulce de leche diet (¡diet, como si el ataque de gula engordase menos!) en dos días, y lo dietético además es la banana, porque hay que comer tres o cuatro frutas por día, es increíble cómo se engaña una.

Soy conciente del autoengaño, pero no puedo modificar mis conductas, e ingiero más caramelos de los debidos, las porciones más grandes y no tomo tanta agua como indica el grupo de Alco, pero no lo puedo o no lo quiero evitar.

Entonces me consuelo pensándome delgada, que controlo todo (eso durante la noche) y durante el día dibujo gente estilizada sin un gramo de grasa pero me boicoteo en la acción de ingerir vituallas colesterosas, creo que huyo de mis problemas comiendo, ¡como me odio entonces! Es una lucha de todos los días desde que me levanto hasta que me acuesto y aun a veces sueño con comida.

El sentimiento de extrañar a mi padre es tan fuerte que me da bronca recurrir a las galletitas para consolarme de esa perdida, y encima a veces me dan asco realmente, puro sabor a manteca, solo eso son.

Tenía que escribir esto, porque lo necesitaba, aunque voy a la psicóloga y a la psiquiatra no me alcanza, este blog tiene algo de redentor, amistoso y no te juzga ni te culpa.

Bueno, no sé si cumplí con la consigna pero me siento un poco menos enojada y lista para enfrentarme con la balanza todas las semanas de buen humor, aunque nunca funciona bien y últimamente es más mi enemiga que mi amiga.

 

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Encuentro de septiembre


¡¡Feliz día del maestro!! 11/9
 
¡¡Feliz Primavera!! 21/9
 
 
 
El corazón pensante de las tizas

Sentimos que no nos usara más. Estamos algunas enteras y otras hechas trocitos  llenas de polvo en un rincón del estante inferior de un mueble. Somos las últimas tizas de nuestra dueña, que es docente de primaria: hasta hace poco fuimos el corazón de su enseñanza en las escuelas porque nos miraban los estudiantes cuando nuestra sangre se expresaba en los pizarrones como elemento didáctico de la docente y de los alumnos cuando dibujaban en los pizarrones en los recreos o en los ratos libres entre tareas; luego terminábamos como piedras minúsculas amontonadas en alguna caja o frasco sobre el escritorio.

Actualmente da clases particulares en el comedor de su casa. La tiza de color azul opina que “esta maestrita ciruela” no trabaja más en escuelas estatales porque no se siente capaz de desempeñarse y porque está en contra de muchos aspectos educativos en el presente de este siglo XXI. Las tizas verdes le chistan para que se calle, porque la alumna entra al comedor y se sienta. Saca de su mochila la  cartuchera y el cuaderno sin terminar de los últimos meses del año pasado.

La tiza blanca entera dice: “veamos que aprende en esta hora y media”. “¡Nada seguro, sin pizarrón y sin nosotras no aprenderá!” grita una tiza roja partida.

Con la ayuda de nuestra dueña la nena hace la tarea que tiene  para el día siguiente; una vez terminada, le indica en el transcurso de la clase sobre las actividades del año en curso que no debe escribir 7 con “c”, sino con “s”, de que no debe decir en un resumen sobre el cuento El flautista de Hamelin “recibirsurecompensa” todo junto como si fuese una palabra, sino que son tres palabras separadas.  

La maestra particular le recuerda que a pesar de no gustarle usar la letra cursiva tiene que hacerlo: “aunque sabemos que se utiliza la letra imprenta manuscrita o de puño y letra para llenar planillas cuando se hacen trámites, en tercer grado ya deberías escribir siempre en cursiva. Ahora hace estas actividades” y le da una fotocopia sobre lengua.  La nena la mira y completa oraciones mientras hace muecas, y agrega la docente: “no me interesa que no quieras usar la cursiva, tenés que saberla para pasar de grado, lo que me importa es que entiendas tu letra sea imprenta o cursiva, por mí escribí en lo que más te guste, pero bien”. Al oír esto la tiza amarilla exclama indignada: “¡no puede decir eso, es antipedagógico!” y la tiza celeste dice calmada: “lo dirá tal vez para que la nena no sienta presión, entonces quizás  utilizará la letra cursiva solamente porque no se lo exigen”. Todas las tizas se ríen.

Luego la clase sigue con repaso de matemáticas. Escuchamos que repasa las tablas de multiplicar, las cuales no sabe, y le recomienda la docente que las recite como una canción.

A los pocos minutos suena el timbre, es la madre que viene a buscar a la nena, la espera en la vereda; salen las dos y conversan un rato las tres.

  La tiza roja resopla y nos dice: “¡¡uf, esa mujer le preguntará  como lograr que la hija haga la tarea, que estudie y nuestra dueña le contestará lo que podría hacer, incluso le va a recomendar que la lleve a  algún psicopedagogo, pero la madre no  hará nada, para que le pregunta!!”.

La tiza celeste cree que nuestra dueña todavía tiene la esperanza de estar en el aula perfecta con todos los materiales didácticos y que el grupo de alumnos tengan conducta ejemplar, pero opina que debería dejar también las clases particulares y agrega que ésta eso lo sabe por la cara que tiene cuando regresa al comedor. Acomoda sus libros y fotocopias en el estante al lado nuestro. Nos ve y nos toca. Nosotras pensamos: “nos acaricia, logra que tintineemos dejando oír nuestros últimos latidos”

jueves, 6 de agosto de 2015

Encuentro de Agosto


Querida mariposa

Ana, mi mariposa amarilla y fuego, te amo

Arre, vuela y recorre nuestro jardín

Dale, disfrutá del aire. Eh

Sacate el esteorotipo de la oruga

Amada amante mi sinalefa eterna

tu aura fue descubierta de ojete

en un baile de disfraces

Onda que hubo entre vos, una flor

y yo, una regadera

Como inconsciencia adolescente nos vimos

y me enamoré de vos en esa zambra

fiesta gitana con pandero

Te pedí tu teléfono y a los dos

días en un bar nos dimos

nuestro primer beso

domingo, 5 de julio de 2015

Encuentro de Julio


El baile

Eran las tres de la madrugada. Habían estado bailando desde la una. Boleros, salsa, de todo un poco. Se escucharon los comienzos de un vals. Ella sonrió. Él suspiró, estaba mareado. Le murmuró al oído: “¿paramos?”, ella respondió “uno más y nos vamos”. Siguieron rítmicamente los compases del vals y al vibrar el último, María sintió que se caían. Se asustó. Él estaba con el culo en el suelo. Sonó el golpe seco de su cabeza contra el piso.

Blanco estaba su rostro. María gritó: “llamen a una ambulancia” porque le pareció que no respiraba. Se acercó y notó que un hilo de sangre le salía de la nariz. Después de una eternidad llegó la ambulancia y lo llevaron a un hospital.

Corridas, el olor del cloroformo le hacía doler la cabeza, se sentó en la sala de espera. Un médico salió, se acercó a ella y le dijo: “el señor Ramírez está en coma, habrá que esperar para ver como evoluciona”.

Creyó que se desmayaba pero aguantó. Meses y meses iba a verlo al hospital, le hablaba y le leía.

Tuvo la agradable noticia una primavera: él había despertado.

Desde esa noche María no baila más valses. 

martes, 2 de junio de 2015

Encuentro de Junio



Brunilda

Brunilda es una bruja petisa, de cabellos grises y desgreñados que le cubren  la espalda. Los dientes están llenos de manchas.

Usa un bonete puntiagudo desflecado fucsia y un vestido amarillo fluorescente porque no le gusta vestirse de negro. Vive en una cabaña de dos habitaciones, hecha con gruesos troncos de árboles y una chimenea de piedra de la que a veces sale humo, en el bosque cercano al pueblo más grande e importante de la zona. Cultiva plantas con las que prepara  cremas para olvidar los fracasos y las penas, también bebidas que ella hechiza para enamorar y para recordar, que luego vende  por muchos pueblos en su escoba voladora  y cobra en efectivo. 

Un atardecer se encuentra en el jardín después de  guardar las hierbas frescas empaquetadas y frascos pequeños de vidrio llenos de líquidos   en un bolso y sube a la vieja y gastada escoba. Se sienta sobre el palo, lo inclina y dice la palabra “elévate” para despegar del suelo cuando de improviso cruje y se quiebra la madera. Cae de cola sobre la tierra húmeda y lanza una exclamación disgustada. Tiene que salir ya que el crepúsculo y  el aire nocturno producido por el vuelo son los ingredientes fundamentales para el propósito de las fórmulas  mágicas y si camina tardará mucho.

Habla sola mientras mira en el jardín si hay alguna rama de los árboles para reemplazar el palo dañado pero son muy delgadas y también reponer el manojo de pequeñas ramas atadas al mango para barrer  y  que en su escoba mejoran la dirección del vuelo.  

Entra a la cabaña, agarra su monedero y sale rumbo a la parada del colectivo, indecisa sobre la conveniencia de trasladarse en ese transporte,  el cual pronto llega. Brunilda sube y saca el boleto.

Se sienta. Escucha que alguien dice: “…es una gitana…el vestido es rídiculo”

Algunos de los pasajeros la observan. Se escucha una risa nerviosa y un grito ahogado.

Hay murmullos y miradas furtivas hacia Brunilda  en el colectivo. Ésta se retuerce aferrada al bolso. Piensa: “el colectivo será muy útil, pero ¡caramba!  Yo soy una bruja, uso escoba.” No tolera que la confundan con una gitana. Brunilda hace los buenos hechizos y maleficios según la ocasión y no adivina el futuro viendo la palma de la mano como aseguran hacerlo las gitanas, por lo tanto no entiende  porque  algunas personas piensan, a veces, que es una gitana.

Cuando desciende del colectivo camina por el pueblo. Hay una avenida principal con muchos negocios y en las calles que la cruzan se ven casas de  ladrillo o de piedra de una planta y de  dos pisos. Los árboles cubren algunas ventanas. Ya oscurece. La luna brilla en el cielo.  Las personas con las que tiene que encontrarse secretamente en diferentes lugares, que  esperan sus pociones y cremas, hoy no las aceptan. Al ver la escoba a veces le preguntan desconcertados y risueños en los pueblos por  qué lleva una escoba cuando sale, no será que se le ocurra barrer las calles; entonces ella les contesta que quizás lo hará, como tantas mujeres que barren las veredas y agrega que es su amuleto de la buena suerte.

 Siente que fue  un día perdido porque le falta el amuleto, o sea, la escoba.  

Al regresar cena   y después quejándose busca con una linterna en el bosque una rama gruesa con la cual reparar la escoba. Finalmente halla lo que necesita aunque tenga que tallarla bastante para utilizarla. Exclama alegre “abracadabra, patas de cabra” mientras regresa a la cabaña. Allí corta las hojas de la rama y con un cuchillo le quita la corteza.

Piensa: “considero que esta pausa inesperada mejorará mis hechizos. Iré de vuelta al pueblo cuando termine”.

Cuatro días después la escoba está lista.

Brunilda con su bolso lleno de frascos con pociones sube en ella. Mira la luna pidiéndole buena suerte.

Dice: “elévate”. Despega del suelo. Brunilda ríe  triunfalmente cuando asciende por el aire y gira hacia el pueblo.

A partir de entonces Brunilda tiene muchas escobas de repuesto y está vendiendo muchos brebajes. La magia de los hechizos aumentó. En los pueblos la conocen como “la vieja del sombrero fucsia y la escoba” que les salva los amores, les borra los malos recuerdos y los errores.

viernes, 1 de mayo de 2015

¡¡Feliz día del trabajo!!


T iempo
R espirando
A  ire
B  ajo
A gresiones
J  odidas
¡O cio!

Encuentro de mayo


Aventuras

Que linda es la biblioteca cuando cierra

Vení  conmigo

Dejá tu estante

Hablemos de nuestras aventuras

Yo soy Los tres mosqueteros

Vos sos  Montecristo

Filosas espadas

Amantes ardientes

Secretos incandescentes

Nadie me comprende como vos

Quiero agradecer que me escuches

Cuando lo necesito

Vayamos a buscar a nuestro autor.

Y le diremos lo que sentimos.

Vení  conmigo