¡¡¡Felices fiestas!!!
lunes, 21 de diciembre de 2015
Encuentro de diciembre
El
pan de cada día
Había
estado toda la madrugada bailando en un boliche.
Se levantó a las tres de la tarde. Luego de
ducharse y vestirse fue a la cocina a desayunar
tostadas con manteca y café.
Silbando puso la pava a hervir. Se acercó a la mesa
para cortar en rodajas el pan. Sorprendido vio que la bolsa de plástico con el
pan no estaba sobre la mesa.
— Cuando volví de bailar comí un miñón. ¿Adónde
está el pan? — preguntó quejoso en voz alta
al aire.
La voz de la madre le respondió desde el comedor:
— En un budín que será el postre de la cena de
hoy —.
Él resopló. La madre agregó:
— Te encanta el budín, aunque ahora tengas hambre
y estés molesto, en la cena te alegrás, Diego. Salí ahora y comprá más pan —.
Diego sacó la pava de encima de la hornalla.
Agarró veinte pesos de la billetera en su campera colgada tras la puerta de
entrada y dijo:
— ¿Adónde hay una panadería abierta un domingo a
esta hora por aquí?—
— En el supermercado. Está abierto todo el día
hasta las 22 horas. — contestó la madre.
Diego salió de la casa. Caminó tres cuadras y
llegó al supermercado. Entró. Lo acobardaron las colas ante las cajas para
pagar lo comprado. Eligió en el sector de los panificados cuatro facturas, de
vicio para el matecito de la tarde, medio kilo de pan blanco con abundante miga para hacer unas grandes tostadas y un cuarto de dulce de leche; se dirigió valientemente
juntando paciencia hacia las filas delante de las cajas registradoras.
— Permiso — le pidió una vieja que apenas lograba
empujar un carrito lleno de alimentos.
Se corrió.
Por la calefacción se adormeció y los carritos
moviéndose entre las filas sonaban como espadas afiladísimas peleando
dispuestas a saquear el molino para conseguir harina, amasar pan y calmar el
hambre.
Alguien
le avisó que debía avanzar. Se despabiló y se adelantó. La fila se movía lento.
Le tocó a él. Puso en la banda los alimentos.
La empleada le dijo:
— ¿Efectivo o tarjeta? —
— Efectivo — Contestó. El total era diecinueve
pesos. Diego le entregó el billete de veinte pesos y guardó todo en una bolsa.
— ¡Ay! Me faltan monedas— dijo la cajera: — ¿no
quiere comprar otra cosa?—
— ¡¿Qué?! ¡Con un peso nada más, no me alcanza ni
para chicles! — exclamó Diego. Su estomago gruñía hambriento.
La empleada le pidió monedas a otro cajero, quien le dio algunas; ésta le
dio el vuelto a Diego, que caminó a zancadas hasta la salida.
Llegó a su casa. Puso otra vez la pava a
calentar. Cortó el pan en rodajas y las tostó. Probó una cucharadita de dulce
de leche.
Sacó las tostadas del fuego, untó una con manteca
y la mordió. Crujió.
domingo, 8 de noviembre de 2015
Encuentro de noviembre
El uso de la pava
La pava es una olla de metal con
tapa, pico y manija.
Se usa para hervir agua con la que se hace té,
café o mate.
Cuando el agua hierve sale humo del pico.
Si no se retira a tiempo del fuego, el agua se
evapora, la pava sigue calentándose hasta quemarse y agujerearse. Entonces es
inservible.
La persona que quiera tomar mate debe estar
atenta cuando calienta agua. ¡Hierven muy rápido!
Se considera adecuado sacarla de encima de la
hornalla en cuanto la tapa empieza a tintinear. Entonces el mate es espumoso
delicioso.
Pero si se retira antes, el agua estará fría,
por lo tanto el mate será horrible, y estará mal cebado. Con las personas
ocurre algo similar: si se hierven demasiado, explotan o saldrían disparados
por el aire quebrándose los huesos al tocar el piso; pero si se los quita antes
de lograr la ebullición ni podrían caminar. En cambio con el justo hervor se
deslizarían elegantemente como un buen mate a través de la garganta.
Conocer y probar un mate dulzón con una decente
pava, una yerba sin palo, una temperatura adecuada, compartiéndolo con una
persona (sin quebrarla), es empezar a saber vivir, es empezar a aprender el uso
de la pava.
sábado, 3 de octubre de 2015
Encuentro de Octubre
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C
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onfesiones de una gordita
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J
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esica nos dio de tarea en el taller literario escribir sobre la huida de uno mismo, y solo puedo pensar en la relación
entre la comida y yo, ya que el tema no me da para imaginar otras situaciones.
Hago dieta desde que puedo recordar, siempre estuve
tratando de comer menos dulces, galletitas y quesos.
Hay muchas cosas que me faltan: una madre, un padre,
nunca he tenido novio y hoy más que nunca trato de llenar esos vacios con
alimentos, actualmente me como una o dos bananas con un medio kilo de dulce de
leche diet (¡diet, como si el ataque de gula engordase menos!) en dos días, y
lo dietético además es la banana, porque hay que comer tres o cuatro frutas por
día, es increíble cómo se engaña una.
Soy conciente del autoengaño, pero no puedo
modificar mis conductas, e ingiero más caramelos de los debidos, las porciones
más grandes y no tomo tanta agua como indica el grupo de Alco, pero no lo puedo
o no lo quiero evitar.
Entonces me consuelo pensándome delgada, que controlo
todo (eso durante la noche) y durante el día dibujo gente estilizada sin un
gramo de grasa pero me boicoteo en la acción de ingerir vituallas colesterosas,
creo que huyo de mis problemas comiendo, ¡como me odio entonces! Es una lucha de
todos los días desde que me levanto hasta que me acuesto y aun a veces sueño
con comida.
El sentimiento de extrañar a mi padre es tan fuerte
que me da bronca recurrir a las galletitas para consolarme de esa perdida, y
encima a veces me dan asco realmente, puro sabor a manteca, solo eso son.
Tenía que escribir esto, porque lo necesitaba,
aunque voy a la psicóloga y a la psiquiatra no me alcanza, este blog tiene algo de
redentor, amistoso y no te juzga ni te culpa.
Bueno, no sé si cumplí con la consigna pero me
siento un poco menos enojada y lista para enfrentarme con la balanza todas las
semanas de buen humor, aunque nunca funciona bien y últimamente es más mi
enemiga que mi amiga.
miércoles, 9 de septiembre de 2015
Encuentro de septiembre
¡¡Feliz día del maestro!! 11/9
¡¡Feliz Primavera!! 21/9
El corazón pensante de las tizas
Sentimos que no nos usara más. Estamos algunas enteras
y otras hechas trocitos llenas de polvo
en un rincón del estante inferior de un mueble. Somos las últimas tizas de
nuestra dueña, que es docente de primaria: hasta hace poco fuimos el corazón de
su enseñanza en las escuelas porque nos miraban los estudiantes cuando nuestra
sangre se expresaba en los pizarrones como elemento didáctico de la docente y
de los alumnos cuando dibujaban en los pizarrones en los recreos o en los ratos
libres entre tareas; luego terminábamos como piedras minúsculas amontonadas en
alguna caja o frasco sobre el escritorio.
Actualmente da clases particulares en el comedor de su
casa. La tiza de color azul opina que “esta maestrita ciruela” no trabaja más
en escuelas estatales porque no se siente capaz de desempeñarse y porque está
en contra de muchos aspectos educativos en el presente de este siglo XXI. Las
tizas verdes le chistan para que se calle, porque la alumna entra al comedor y
se sienta. Saca de su mochila la
cartuchera y el cuaderno sin terminar de los últimos meses del año
pasado.
La tiza blanca entera dice: “veamos que aprende en
esta hora y media”. “¡Nada seguro, sin pizarrón y sin nosotras no aprenderá!”
grita una tiza roja partida.
Con la ayuda de nuestra dueña la nena hace la tarea
que tiene para el día siguiente; una vez
terminada, le indica en el transcurso de la clase sobre las actividades del año
en curso que no debe escribir 7 con “c”, sino con “s”, de que no debe decir en
un resumen sobre el cuento El flautista de Hamelin “recibirsurecompensa”
todo junto como si fuese una palabra, sino que son tres palabras separadas.
La maestra particular le recuerda que a pesar de no
gustarle usar la letra cursiva tiene que hacerlo: “aunque sabemos que se
utiliza la letra imprenta manuscrita o de puño y letra para llenar planillas
cuando se hacen trámites, en tercer grado ya deberías escribir siempre en
cursiva. Ahora hace estas actividades” y le da una fotocopia sobre lengua. La nena la mira y completa oraciones mientras
hace muecas, y agrega la docente: “no me interesa que no quieras usar la
cursiva, tenés que saberla para pasar de grado, lo que me importa es que
entiendas tu letra sea imprenta o cursiva, por mí escribí en lo que más te guste,
pero bien”. Al oír esto la tiza amarilla exclama indignada: “¡no puede decir
eso, es antipedagógico!” y la tiza celeste dice calmada: “lo dirá tal vez para
que la nena no sienta presión, entonces quizás
utilizará la letra cursiva solamente porque no se lo exigen”. Todas las
tizas se ríen.
Luego la clase sigue con repaso de matemáticas.
Escuchamos que repasa las tablas de multiplicar, las cuales no sabe, y le
recomienda la docente que las recite como una canción.
A los pocos minutos suena el timbre, es la madre que
viene a buscar a la nena, la espera en la vereda; salen las dos y conversan un
rato las tres.
La tiza roja
resopla y nos dice: “¡¡uf, esa mujer le preguntará como lograr que la hija haga la tarea, que
estudie y nuestra dueña le contestará lo que podría hacer, incluso le va a
recomendar que la lleve a algún
psicopedagogo, pero la madre no hará
nada, para que le pregunta!!”.
La tiza celeste cree que nuestra dueña todavía tiene
la esperanza de estar en el aula perfecta con todos los materiales didácticos y
que el grupo de alumnos tengan conducta ejemplar, pero opina que debería dejar
también las clases particulares y agrega que ésta eso lo sabe por la cara que
tiene cuando regresa al comedor. Acomoda sus libros y fotocopias en el estante
al lado nuestro. Nos ve y nos toca. Nosotras pensamos: “nos acaricia, logra que
tintineemos dejando oír nuestros últimos latidos”
jueves, 6 de agosto de 2015
Encuentro de Agosto
Querida mariposa
Ana, mi mariposa
amarilla y fuego, te amo
Arre, vuela y recorre
nuestro jardín
Dale, disfrutá del
aire. Eh
Sacate el esteorotipo
de la oruga
Amada amante mi
sinalefa eterna
tu aura fue descubierta
de ojete
en un baile de
disfraces
Onda que hubo entre
vos, una flor
y yo, una regadera
Como inconsciencia
adolescente nos vimos
y me enamoré de vos en
esa zambra
fiesta gitana con
pandero
Te pedí tu teléfono y a
los dos
días en un bar nos
dimos
nuestro primer beso
domingo, 5 de julio de 2015
Encuentro de Julio
El
baile
Eran las tres de la
madrugada. Habían estado bailando desde la una. Boleros, salsa, de todo un
poco. Se escucharon los comienzos de un vals. Ella sonrió. Él suspiró, estaba
mareado. Le murmuró al oído: “¿paramos?”, ella respondió “uno más y nos vamos”.
Siguieron rítmicamente los compases del vals y al vibrar el último, María
sintió que se caían. Se asustó. Él estaba con el culo en el suelo. Sonó el
golpe seco de su cabeza contra el piso.
Blanco estaba su
rostro. María gritó: “llamen a una ambulancia” porque le pareció que no
respiraba. Se acercó y notó que un hilo de sangre le salía de la nariz. Después
de una eternidad llegó la ambulancia y lo llevaron a un hospital.
Corridas, el olor del
cloroformo le hacía doler la cabeza, se sentó en la sala de espera. Un médico
salió, se acercó a ella y le dijo: “el señor Ramírez está en coma, habrá que
esperar para ver como evoluciona”.
Creyó que se desmayaba
pero aguantó. Meses y meses iba a verlo al hospital, le hablaba y le leía.
Tuvo la agradable
noticia una primavera: él había despertado.
Desde esa noche María
no baila más valses.
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