lunes, 8 de diciembre de 2014
Encuentro de diciembre
Esta es un poema de mi padre escrita hace muchos años, que lo disfruten
Ajuste
Los pobres
Tienen (tenemos)
Pequeñas esperanzas inocentes
Para explicar lo inexplicable
Capacidad inagotable para devorar
Mentiras
Ilusiones
Vírgenes, santos y
dioses
Mañana será distinto
El hoy es sólo el tránsito al mañana
Y mañana será la esperanza
De un mañana distinto
Entre tantos mañanas
Todos los días se muere el hoy…
En la mítica casa
Donde conviven
El ser, el deber y el poder
Alguien ríe…por ahora
Desde hace mucho
Pero sólo por ahora.
José Agustín Sánchez
lunes, 10 de noviembre de 2014
Encuentro de noviembre
Mamá
Mamá rosa
Mamá risa
Mamá mesa
Mamá taza
Mamá tiza
Mamá casa
Mamá cose
Mamá lava
Mamá cava
Mamá come
Mamá cama
Mamá amor
Mamá humor
Mamá todo
Mamá mía
domingo, 5 de octubre de 2014
Encuentro de Octubre 2014
Desilusión
Soy la lágrima que cayó
en tu mejilla esa tarde
en la que descubriste que
quería a otra.
Él te saludó desde lejos
y eso fue todo,
no más palabras,
no más de sus sonidos.
Soledad sentiste
y nadie te podía consolar.
Soy la lágrima cayendo hoy
en tu mejilla salada
y te digo que
todo mejorará.
domingo, 7 de septiembre de 2014
Encuentro de septiembre
La
señorita de cuarto grado
El
árbol de jacarandá con sus flores celestes entró en el aula. Se movía
lentamente con sus raíces limpias y todos teníamos cuidado de no pisarlas.
Nos
leía un cuento y luego respondíamos preguntas sobre los personajes y la acción,
también lo representábamos.
Era
hermoso verla dar clase: sus ramas tocaban el techo, llenas de hojas, flores y
algunos pájaros que nos alegraban las tareas escolares. Su voz era melodiosa.
Cuando
veíamos ciencias naturales con su corteza nos daba una prueba de la
fotosíntesis y de la vida de una semilla
en un germinador.
No
le gustaba el fuego ni los muebles de madera.
Le
encantaba hacer correcciones y los recreos en el parque del colegio.
Un
día un compañero perdió su celular, lo buscamos por todos lados y lo
encontramos entre las ramas de la seño porque se lo estaba mostrando a ella.
Hace
dos meses nos visitó un señor de traje y corbata. Nos hizo preguntas sobre lo
que estudiábamos, habló de la educación, de otros grados y nos indagó acerca de
que pensábamos de los maestros. Todos respondimos que estábamos nosotros y
nuestros padres muy contentos con nuestra señorita. El señor nos saludó y se
fue.
Al
día siguiente la directora dijo que ese señor era un inspector y que quería
echar a la maestra porque no le gustaba su manera de enseñar. Nosotros
gritamos. Perla y Carlos lloraron. A Lucía se le ocurrió juntar doscientas o
más firmas para impedir que eso suceda. Desde esa tarde empezamos. Entre
padres, vecinos y alumnos de otras escuelas juntamos quinientas firmas. Las
llevó al consejo escolar el padre de Clara, que es abogado.
Estabamos
nerviosos. La señorita jacarandá nos agradeció el esfuerzo y esperamos a ver
qué pasaba.
Después
de unos días la directora nos anunció que las firmas presentadas habían logrado
evitar echar a nuestra maestra.
Festejamos
con exclamaciones alegres.
¡Ayer hicimos una fiesta para celebrar que unidos
pudimos tener a la señorita jacarandá con nosotros!
domingo, 10 de agosto de 2014
La realidad
hallan sin hojas.
Elsa con la cartera sale de la
casa. Cierra con llave la puerta. Mira el cielo y se pregunta si con la blusa, el saco de hilo y la pollera
estará demasiado elegante. Repiquetean los tacos de sus zapatos cuando camina hacia
la estación del ferrocarril.
El tren que llega es relativamente nuevo, tiene algunas palabras pintadas
con aerosol y sus vidrios están enteros aunque algo sucios. Está casi lleno y
se sacude, ve que una pasajera de pie
lee absorta, concentrada un libro. A
pesar de las curvas no se agarra de las manijas y sin embargo no se tambalea.
Milagros de la lectura. Parece que la
novela, “El capitán Artemio Furia”, está buenísima. En un momento del viaje
puede sentarse. Se oye un suspiro de alivio, se ignora si es de ella misma que
al fin puede descansar o de las demás personas porque así se evitan posibles
tropezones. Otros también de pie hojeaban apresurados un periódico de edición
gratuita antes de que el tren arranque. Cuando éste se puso en movimiento
entonces se agarran de las argollas colgantes de los barrotes fijos al techo.
Durante el recorrido el vagón se
vacía porque los pasajeros descienden.
En una estación sube un vendedor ambulante que
pregona: “compren pan para cuando lleguen a casa y tomen unos mates”.
Lleva una gran canasta de mimbre, que apoya en el suelo del tren, con pan de
salvado, roscas y pan blanco.
— Sólo faltaría que venda yerba, termos y nos cebe mates mientras
viajamos. — murmura un pasajero al que está al lado y se ríen.
Elsa piensa redactar los hechos
en un cuento.
El tren llegará a su destino terminal: Los Trigales y
pronto emprenderá el regreso hacia el extremo opuesto de su recorrido. Las
bocinas suenan estridentes. Elsa desciende en una estación intermedia: Gabriela
Mistral. Una persona que entra al vagón
la empuja haciéndola tambalear y casi suelta la cartera. Elsa dice:
— ¡Sin empujar! ¡Hay lugar! —
Escucha una disculpa. Se aparta
del tren, que parte. Baja del andén; en la vereda ella coloca nuevamente la cartera sobre el hombro y descubre que el cierre está abierto. Se asombra,
reconoce que es distraída, pero no tanto. No logra recordar si antes de salir
de la casa había dejado la cartera abierta o cerrada. Da unos pasos hacia la
plaza y se sienta en un banco. Revisa el contenido: están la llave, el celular,
la entrada al teatro y nota que le falta
la billetera. Es el menor problema que
tiene. Exclama en voz baja: “¡Maldita sea!”, insultando por lo ocurrido. Había
$30 dentro; por suerte el boleto de ida y vuelta del viaje en tren lo guardó en
el bolsillo de la blusa. Se pregunta si no se olvidó la billetera antes de salir…porque
suele llevar el dinero del boleto en algún bolsillo. Al mirar en su muñeca el
reloj pulsera, ve que no está; piensa: “no importa, siempre me funcionan mal,
compro otro”. Siente que le han robado, además del reloj y la billetera, muchas
posibilidades y ni siquiera se dio cuenta. Las lágrimas le resbalan por
las mejillas.
Camina por la plaza. La calesita
tiene pocos chicos. En la modernidad parece un juego casi adecuado para
un museo.
Se tranquiliza y sigue su paseo, fijándose si en algún negocio solicitan
empleados porque no tiene trabajo, así presentaría en otra oportunidad un
currículo.
En una balanza de una
farmacia dos personas se toman la
presión sin subirse a la misma evitando pesarse, y después observan el comprobante
impreso. Alguien espera que la misma se desocupe. Cuando observan que un
desconocido se pesa, éste oye que dicen: “¿Qué?”. Murmuran. Luego cada uno
vuelve a la balanza y se pesan. El desconocido que había aguardado su turno y
los miraba anteriormente, se sonríe.
Elsa llega al teatro a escuchar un concierto clásico de guitarras
criollas para el cual había sacado la entrada quince días antes.
Entra; por una hora más o menos
olvidará que hace un mes la echaron del
trabajo por reducción de personal. Ha buscado y buscará otro empleo, confiando
que los periódicos publiquen avisos clasificados sin errores. Hasta que lo
consiga, tiene algunos pesos ahorrados y también espera que el padre le
prestará dinero, lo que pueda.
Ayer jugó a la lotería como todas
las semanas y sueña con que tal vez algún día, un día ganará el premio. Piensa
que un día tendrá muchísimo, muchísimo dinero, por los cuentos que escribe o
por la lotería; y entonces no tendría que hacer más frustrantes colas esperando
entrevistas para hacer encuestas o quien sabe qué.
Una vez sentada pone la cartera
sobre la falda. Llegó justo. Mira la hora en el celular y lo apaga a pesar de que no tiene línea telefónica y de que espere que la llamen de algún empleo.
La iluminación se atenúa. Los músicos entran y se sientan en el escenario. Afinan las guitarras.
Se oyen los primeros compases.
Suspira. Un día, algún día tendrá muchísimo dinero.
domingo, 6 de julio de 2014
Encuentro de julio
El
enemigo
El
enemigo por la ventana se asoma.
Se
fija en tu cara blanca y pecosa,
observa
tu cabeza
y
lo que está dentro de ella.
Te
escondés en la oscura pieza
tras
el armario y luego bajo la cama.
Pero
no hay manera.
Igual
te persigue ese enemigo que te quemará.
Tu
rostro está ardiente:
es
culpa del sol, enemigo de tu piel,
que
te mira por la ventana.
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