domingo, 1 de julio de 2018

Encuentro de julio


Blandón

El velón ilumina mi cara.

Me da el bien de leer mi alma

mal aconsejada por la escasez de planes.

Siento las lágrimas al recordar

el desamor ocurrido.

Mi amiga me bisbiseaba

ideas para conquistar a Juan,

pero sus murmullos no me ayudaron.

Yo susurre en el oído de él

penas, deseos, sueños

pero nada funcionó.

No me amó.

Quise gritar a los cuatro vientos

el dolor de mi roto corazón.

La bilis inundó mi vida.

La dulzura de lo anhelado y no conseguido

me consuela minimamente.

Y aún lloro mi desamor

con berrinches varios

a mi madre, mi padre

y mis amigos.

Las rabietas no me dieron

serenidad ni paz.

El candelero de mi pena

me dirige últimamente.

Me dicen que el bisoño

muchacho del que estaba enamorada

era muy inexperto

para mí, y espero

para el futuro

un experimentado hombre

que me ame

y a quien yo ame

con sus virtudes y defectos.

domingo, 8 de abril de 2018

Encuentro de abril


El regreso de ET

Eliot era un joven de 20 años. Estudiaba astronomía y soñaba con realizarviajes espaciales y conocer otros planetas.

Recordaba a su amigo alienígena que estuvo en la tierra y aprendió a hablar con humanos.

Un día llegó a su casa justo cuando sonaba el teléfono y atendió.

-          Eliot…¿Cómo estás?

-          ¿Quién habla?

-          Soy yo, ET

Eliot se quedó sin habla. Era de no creer

-          Voy a ir a la tierra en unos días, encontremosno en el árbol de los besos el 30 de octubre a las once de la noche - y colgó.

El muchacho se desmayó.

Cuando llegó el día, estaba distraído. A las diez fue al bosque y esperó cerca  del árbol. Vio la nave posase a unos metros y al rato llegó ET.

Se abrazaron. Eliot lloraba de alegría. ET, brillaba su corazón.

Hablaron del planeta del extraterrestre, de los viajes y de lo que hacia el joven.

Se encontraron otras veces en diferentes lugares del bosque.

Una noche había cerca un campamento y tuvieron tanta mala suerte que una pareja los vio. Gritaron aterrados y se alejaron. ET y Eliot se dispersaron.

Los jóvenes acudieron a la policía y al poco tiempo rastreaban el bosque. Eliot estaba desesperado, nada sabia de su amigo.

Entonces recibió una llamada en sus celular y ET dijo:

-          Ven conmigo a mi planeta. Nos vemos en el campo de beisbol mañana a las diez de la noche – Colgó.

Eliot pensó y meditó. Queria conocer el espacio…pero abandonar todo…igual con la NASA viajar a Marte o Júpiter llevaría décadas, y se decidió. Guardó ropa y libros y se fue al estadio de beisbol.

Allí se sintió listo. ET lo abrazó y subieron a la nave.

Eliot cumplía su sueño espacial.

 




martes, 6 de marzo de 2018

Encuentro de marzo


Educación

Como todas las mañanas, Eduardo se preparó para sus clases equivalentes a tercer grado. Se sentó en el escritorio junto a sus compañeros y sacó su netbook.

Entró el profesor y dio los buenos días. Enseguida empezaron a leer una noticia por internet, y el educador lo felicito por su lectura. Eduardo sonrió. ¡Era un fierro el profe!

El recreo lo hicieron en el parque virtual, mientras tomaban un jugo y un alfajor.

Luego estudiaron ciencias sociales: la revolución de mayo y se emocionó con las escarapelas.

Un alumno cerró la compu y se negó a trabajar.

Todos se asombraron. Después de un rato el profe lo llevó al lado, al aula de los atrasados y volvió la calma en la clase.

Faltaba poco para terminar la jornada a las doce. Leyeron una frase de Sarmiento y se despidieron hasta el día siguiente.

El docente se quedó solo en el salón. Quieto. Descargó sus circuitos en la Pc del docente y sus articulaciones mecánicas se acomodaron en el armario, hasta la mañana siguiente. Repasó la primera ley de robotica de Asimov: “No dañaras a un ser humano”, y se puso en Sleep, hasta que se despertase a las 7:30 para otro día escolar.

domingo, 3 de diciembre de 2017

¡¡Felices Fiestas!!


Encuentro de diciembre


Zapatos

Llegó a su casa. Subió las escaleras. Metió la llave en la cerradura. Entró a la cocina y dejó su maletín.  Cenó una aza de sopa y se acostó. Soñó con su madre.

Se desperezó y abrió lentamente los ojos. Se sentó y se puso las pantuflas. Vio junto a su cama unos zapatos que no eran suyos. Se asombró. Buscó su paraguas para defenderse y recorrió la pieza, la cocina y el comedor. En el baño vio luz. Se acercó lentamente. Descubrió un hombre lavándose las manos. Éste se dio vuelta y gritó al ver a su hermano que se reía. Se abrazaron. El le había dado una llave de su casa por emergencias y consideró que no verlo hacia un año era una de ellas. Se sentaron en el sofá y tomaron un café. Luego cerveza fría. Almorzaron. Fueron al cine. Se alegraba de encontrar a su hermano. Sonrió mientras elegían la película para ver: una de vaqueros.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Encuentro de Noviembre


Bandera

Un viernes al mes a la noche se reunía la Hermandad, un grupo de profesores de historia amigos que comían asado, jugaban al truco, bebían vino y hablaban casi hasta el amanecer.

Una de las veces uno de ellos, Rodrigo, bastante borracho, expuso la teoría de que sabía dónde estaba la bandera que creó Belgrano en febrero de 1812 en Rosario. Los amigos le dijeron que nadie sabía su ubicación. Él los hizo callarse y misteriosamente dijo:

-          Yo pienso que está enterrada con él en el Convento de Santo Domingo.

-          ¡No, no es posible!- lo contradijeron tirándole corchos y se rieron- ¡Dejá la marihuana!

-          Hagamos una apuesta: en la próxima reunión yo tendré la bandera. Si es así, cada uno me dará $500 sino yo iré a ver el partido River- Boca con la camiseta de Boca.

Aceptaron

Rodrigo el lunes paseó por el convento, vio cuántos guardias había, la tumba y calculó el tiempo que podría tardar en llevársela si es que estaba ahí.

El viernes siguiente se observó en el convento una humareda verde. Era gas paralizante. Una sombra con máscara antigás entró mientras los guardias yacían en el suelo.

Abrió la tumba y bajo los huesos y una tela blanca encontró la bandera argentina. Pegó un salto de alegría. La guardó en su mochila y se fue.

El viernes que se volvieron a reunir la llevó. Cuando la mostró, se hizo un silencio profundo.

-          ¡Bueno, aquí está!- exclamó - ¡Páguenme muchachos!

-          - Yo leí en el diario que habían entrado en el convento. ¡Estás loco!- dijo Pablo.

-          ¡Esa no es!- dijo Damián.

-          ¿No ven la tela gastada? Mañana contare en mi blog que la encontré.

-          No sabés en lo que te metés, no lo hagas- dijo José.

-          Lo voy a hacer, es cuestión de justicia y debe ser recuperada, que debe estar en un museo- decidió Rodrigo.

Días después la noticia se expandió por las redes sociales.

La policía federal estaba incrédula, fue a buscarlo a su casa, lo interrogaron pero no tenían prueba de que fuera la primera bandera.

Los profesores de donde trabajaba Rodrigo no le hablaron, murmuraban a sus espaldas que era un ladrón y un profanador.

El dueño del departamento le dio quince días para desalojarlo.

Rodrigo estaba temblando cuando cerró la puerta de su casa. ¿Qué había hecho? Solo, viendo la tele, observaba la bandera de reojo.

    No durmió. En la mañana estaba en la calle corriendo y gritando.

-          ¡Miren nuestra bandera!-la agitaba- ¡la recuperé! ¡no la robé! ¡Es nuestra!

Lo observaban pasar sin creerle.

A zancadas fue a la puerta de canal siete. Lo filmaron con la bandera sobre sus hombros y como sintió que no lo aceptaban se la puso como un chal y corrió riendo a carcajadas.

De pronto se asombró, volaba sobre Recoleta y lo señalaban desde abajo. Llegó al obelisco y ató la bandera en su cima.

Lo bajó una grúa, con los ojos desorbitados y lleno de lágrimas su rostro.

            

              

domingo, 1 de octubre de 2017

Encuentro de octubre



Blandón
El velón ilumina mi cara.
Me da el bien de leer mi alma
mal aconsejada por la escasez de planes.
Siento las lágrimas al recordar
el desamor ocurrido.
Mi amiga me bisbiseaba
ideas para conquistar a Juan,
pero sus murmullos no me ayudaron.
Yo susurre en el oído de él
penas, deseos, sueños
pero nada funcionó.
No me amó.
Quise gritar a los cuatro vientos
el dolor de mi roto corazón.
La bilis inundó mi vida.
La dulzura de lo anhelado y no conseguido
me consuela minimamente.
Y aún lloro mi desamor
con berrinches varios
a mi madre, mi padre
y mis amigos.
Las rabietas no me dieron
serenidad ni paz.
El candelero de mi pena
me dirige últimamente.
Me dicen que el bisoño
muchacho del que estaba enamorada
era muy inexperto
para mí, y espero
para el futuro
un experimentado hombre
que me ame
y a quien yo ame
con sus virtudes y defectos.