¡¡Feliz día del maestro!! 11/9
¡¡Feliz Primavera!! 21/9
El corazón pensante de las tizas
Sentimos que no nos usara más. Estamos algunas enteras
y otras hechas trocitos llenas de polvo
en un rincón del estante inferior de un mueble. Somos las últimas tizas de
nuestra dueña, que es docente de primaria: hasta hace poco fuimos el corazón de
su enseñanza en las escuelas porque nos miraban los estudiantes cuando nuestra
sangre se expresaba en los pizarrones como elemento didáctico de la docente y
de los alumnos cuando dibujaban en los pizarrones en los recreos o en los ratos
libres entre tareas; luego terminábamos como piedras minúsculas amontonadas en
alguna caja o frasco sobre el escritorio.
Actualmente da clases particulares en el comedor de su
casa. La tiza de color azul opina que “esta maestrita ciruela” no trabaja más
en escuelas estatales porque no se siente capaz de desempeñarse y porque está
en contra de muchos aspectos educativos en el presente de este siglo XXI. Las
tizas verdes le chistan para que se calle, porque la alumna entra al comedor y
se sienta. Saca de su mochila la
cartuchera y el cuaderno sin terminar de los últimos meses del año
pasado.
La tiza blanca entera dice: “veamos que aprende en
esta hora y media”. “¡Nada seguro, sin pizarrón y sin nosotras no aprenderá!”
grita una tiza roja partida.
Con la ayuda de nuestra dueña la nena hace la tarea
que tiene para el día siguiente; una vez
terminada, le indica en el transcurso de la clase sobre las actividades del año
en curso que no debe escribir 7 con “c”, sino con “s”, de que no debe decir en
un resumen sobre el cuento El flautista de Hamelin “recibirsurecompensa”
todo junto como si fuese una palabra, sino que son tres palabras separadas.
La maestra particular le recuerda que a pesar de no
gustarle usar la letra cursiva tiene que hacerlo: “aunque sabemos que se
utiliza la letra imprenta manuscrita o de puño y letra para llenar planillas
cuando se hacen trámites, en tercer grado ya deberías escribir siempre en
cursiva. Ahora hace estas actividades” y le da una fotocopia sobre lengua. La nena la mira y completa oraciones mientras
hace muecas, y agrega la docente: “no me interesa que no quieras usar la
cursiva, tenés que saberla para pasar de grado, lo que me importa es que
entiendas tu letra sea imprenta o cursiva, por mí escribí en lo que más te guste,
pero bien”. Al oír esto la tiza amarilla exclama indignada: “¡no puede decir
eso, es antipedagógico!” y la tiza celeste dice calmada: “lo dirá tal vez para
que la nena no sienta presión, entonces quizás
utilizará la letra cursiva solamente porque no se lo exigen”. Todas las
tizas se ríen.
Luego la clase sigue con repaso de matemáticas.
Escuchamos que repasa las tablas de multiplicar, las cuales no sabe, y le
recomienda la docente que las recite como una canción.
A los pocos minutos suena el timbre, es la madre que
viene a buscar a la nena, la espera en la vereda; salen las dos y conversan un
rato las tres.
La tiza roja
resopla y nos dice: “¡¡uf, esa mujer le preguntará como lograr que la hija haga la tarea, que
estudie y nuestra dueña le contestará lo que podría hacer, incluso le va a
recomendar que la lleve a algún
psicopedagogo, pero la madre no hará
nada, para que le pregunta!!”.
La tiza celeste cree que nuestra dueña todavía tiene
la esperanza de estar en el aula perfecta con todos los materiales didácticos y
que el grupo de alumnos tengan conducta ejemplar, pero opina que debería dejar
también las clases particulares y agrega que ésta eso lo sabe por la cara que
tiene cuando regresa al comedor. Acomoda sus libros y fotocopias en el estante
al lado nuestro. Nos ve y nos toca. Nosotras pensamos: “nos acaricia, logra que
tintineemos dejando oír nuestros últimos latidos”
